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INSOMNIOS, PESADILLAS Y DESPERTARES
Estas narraciones son una recopilación de mis escritos mañaneros en el foro de poesía: http://es.msnusers.com/Saudadesynostalgias/mensajes.msnw Son soliloquios, monólogos personales donde se abordan diferentes pensamientos sobre el amor, la amistad y el resto de las emociones que nos definen como humanos.
I - FASE Que negra está la noche y que pastosos percibo sus silencios. Afuera llueve, lluvia pertinaz que acompasa mis soledades. A la luz del día que ahora se resiste a morir, sin nocturnidad, pero con alevosía, alguien hurtó mis bostezos, los busco desesperado para poner fin a esta larga noche de silencios. Inútil búsqueda, mis cajones de la memoria están repletos de recuerdos, recuerdos de ayer mezclados con deseos de mañana. Gira mi cuerpo entre las sábanas sin encontrar acomodo a mi alma, los ecos de los silencios resbalan por mi pijama, cansado de dar vueltas a la loca noria de mi mente, acomodo mis pies en el suelo, arrojo a la basura las legañas y caliento un café para que me acompañe en la velada. Podría encender la radio o huir por el cristal de la ventana que tengo en mi sala, ese infernal aparato desde donde veo el mundo en cada telediario, ese mundo anónimo de desgracias. Desgracias que hoy me hacen gracia, porque en la inmensidad del fondo de mis entrañas está a punto de estallar la mayor de las batallas, el más cruel de los infortunios, y no será una estúpida guerra, ni un volcán que arrase con su lava mis miserias, ni tan siquiera, será esa, hoy tan socorrida, marea negra que inunda de muerte las costas de mi existencia. No, mi infortunio será silencioso, vendrá en esta noche negra, de pastosos silencios y con ese rumor de la lluvia afuera. Quizás venga disfrazo de fantasma, esos que nos aterrorizan con aullidos de poeta o quizás, venga envuelto en una pesadilla que me atormente con abstractos y terroríficos sueños donde te persigue la soberbia para destriparte y tu paralizado de terror, te frenas en esa huida hacia el vacío o quizás, si tengo fortuna, me llegue estando despierto en esta noche de vela, vestido de angustias y ornado de desasosiegos. ¡Ay! Este insomnio que me embrutece de desganas, me roba las esperanzas y me dilata eternamente esta noche larga. Y pienso. Y medito sin encontrar respuestas. Cavilo tratando de encontrar el camino, ese desvío oscuro donde ella me dejó perdido. Tal vez sería mejor sentarme en la vereda y esperar a que ella desande lo andado y vuelva a retornar por el mismo camino. Sí,
decididamente aquí me siento, en esta butaca donde de día leo y que
esta noche es el aposento donde sueño. Me amistaré con mi insomnio, me
armaré con los silencios pastosos y esta noche negra será mi aliada, o
mejor me voy a dar un paseo, caminare por calles desiertas, me acercaré
al mar, a ese rincón que añoro, ese balcón frente al mar donde se
reflejan las estrellas y nunca me encuentro solo, mi “Peine del
Viento”, allí juntos los tres, el cielo negro, la mar brava y yo,
te esperaremos. Hoy soñé placentero, soñé que
una dama velaba mis sueños, soñé que me arropaba con un beso, soñé
con su mirada teñida de ternuras y sus manos ¡ay sus manos! resbalan
sus yemas rozando mi espalda mientras sus labios se acunaban en mis párpados
velando mi mirada. Oía el rítmico sonido acompasado
de sus gemidos mientras sus manos descendían por mi ombligo, se
acercaban taciturnas en busca de mi hombría, mi piel se estremecía
anunciando la llegada de tu boca a mi inhiesta bandera, allí su beso
provocó fuegos, provocó cantos, provoco fuentes blancas de fluidos
recios y yo, caí rendido en un largo sueño. Hoy
no hubo insomnio, ni noche larga, ni vi llover a través de los
cristales de mi ventana, Hoy un coro de ángeles meció mi sueños y con
salmos me anunciaron el alba. Hoy soñé que ella también me amaba, que
ella a mi lado descansaba, hoy soñé como sueñan los hombres, CON SU
AMADA. Me
calzaré tu abrazo sobre el lomo de mis miserias, lo arrastraré por el
sendero pedregoso de la existencia y cuando llegue a alguna perdida
taberna, una de esas donde entre copas de aguardiente, el canto ronco de
los marinos y las lágrimas de alguna guitarra, el pueblo llora a coro
sus desgracias, yo mostraré orgullos tu belleza, ese alma rebelde
que llevas por bandera, esos ojos que escupen miradas de tristeza, esa
boca que me besa y esos manos con que me abrazas. Suelo
caminar sin alforjas, eran tan pesadas, tantos los recuerdos que en
ellas portaba en una noche de borrachera las deje en prenda en un
burdel de carretera. Ahora que ya no me acompañan las evocaciones, que
desnudo camino sin ruta ni destino, ahora que ya no estaba perdido,
porque no tengo bitácora que marque mi rumbo ni faro que me guíe entre
las brumas, ni puerto donde recalar quisiera. Ahora que tengo tu abrazo
y tu sonrisa, ahora creo en la diosa fortuna, amiga mía. BUENOS DÍAS: Silencio que siempre
me acompañas, hoy mi noche también fue larga, tan larga como el beso
de despedida que en mi labios se aparca cuando al acostarte siempre me
regalas. Hoy el
insomnio no fue mi tortura, ni me agité entre las sabanas, hoy fui
mecido con tus palabras y mi mente borracha de fantasías me trasportó
hasta aquel rincón nuestro donde descansan nuestros sueños, mi casita
y tu cabaña, mi playa vista desde la ventana y tu jardín de montaña. Y soñé
que te soñaba, con aquel jardín sombrío donde nos refugiamos en el
estío, con aquellos otoños húmedos y lluvioso encerrados en nuestra
casa, con aquellas gotas de lluvia que resbalan por los cristales
de nuestra ventana, y con aquellas cálidas primaveras en que asidos de
la mano, al anochecer, paseábamos por la playa. Pero
entre todos esos recuerdos el que más me ocupaba, fue el de aquella
tarde de invierno en que desfloramos nuestras almas. Allí, desnuda
tú, desnudo yo, sentados sobre la alfombra de la sala, al calor del
fuego que mudo y crepitante ardía en la chimenea, yo leía cobijado a
tu lado bajo una manta, tu tatareabas un canto suave y fue sólo un
instante en que quedaron petrificadas nuestras miradas, te acercaste
lentamente a posar tus labios en el nido de mi boca, te abracé y sentí
el duro tacto de tus senos apretando mi pecho, tus mulos abrazando mi
cintura y el cielo quebrándose en mil pedazos que caían como copos
blancos en la cueva donde atesoras tu más preciado secreto. Aún tus
gemidos siguen aparcados en mi oído, tu aroma sigue embriagándome de
olores íntimos y tu sabor, esa agua que emanaba de tus emociones, ese néctar
que libé con mi lengua se mantiene intacto en mi garganta. Pero la
noche fue muriendo y una tímida luz anunció desde fuera de mi
ventana que era hora de ejecutar los sueños y enfrentarse a la batalla,
heme aquí, resistiendo, negándome a abandonar tu sueño, batallando
contra las luces y los ecos, esos ecos de la envidia y de los celos, voces
ajenas a nuestro silencio que intentan destruirlo, romperlo. No
digas nada, deja que la luz te inunde y que de tus ojos se viertan
lágrimas cargadas de amorosas miradas, permite que tus manos se
truequen en alas, y tu cuerpo sea tan sutil como cuando me amabas, así
volarás a mi encuentro, anidando a mi costado y retornemos juntos a
caminar por el sendero que nos conduce a aquel claro del
bosque donde nos encontramos, volveré a desvestirte y entre los
claroscuros, acomodados en un lecho de flores, dormir los dos abrazados. Esta
despedida no la rescate de ningún hueco fingido y es una contestación
a tu discurso, es un simple adiós al día que muere lánguido entre las
penumbras de la noche, de esta noche que ya es vieja, que amenaza con
morir de un suspiro dando entrada a una nueva mañana de grises
lloviznas y grises cantos de alboradas. Es un
adiós a los viejos recuerdos. A los sueños que tuve despierto, a los
bellos momentos donde ajeno a mi realidad me deje acunar por unos
versos. Yo nunca
tuve gatos a los que encerrar en mi encierro, ni tuve frío que entrara
invasor por mi ventana, ni jamás se me hizo tarde porque desterré el
reloj desde niño. Mi soledad fue la compañera de mis estíos, el frío
brota de los gélidos ojos donde nace mi acerada mirada y el tiempo debe
ser un concepto que perdí en aquellas eternidades donde me perdí buscándote. Y ahora
que te veo, que te desnudo el alma, que ya no tienes gato, quiero
desterrar tu frió y es el tiempo lo que me embarga, quiero detenerlo,
quiero que cada instante sea un infinito momento donde tu y yo, tus ojos
y mi mirada, tus manos y mis caricias, tu cuerpo y mi alma, se fundan en
una eterna comparsa. El
leve zig zag de tu cabeza, ese negativo balanceo con que me niegas esta
esperanza, ese NO quedo y susurrante con que respondes a mi
demanda, es... para que negarnos, como un gato que se escapa, como un frío
que los huesos me cala, como un tiempo que porto en mis espaldas, es...
el infierno a donde me mandas. Buenos
días Silencio amigo, compañero inseparable de mis mañanas. Hoy
desperté entre soles nuevos que viajan desde oriente para llegar
puntuales a su cita de este día en que se consume mi tiempo devorando
horas muertas en tu ausencia. Este
sol que hoy destierra las penitentes lluvias que me han acompañado
días pasados, me trae un mensaje de esperanzas, es un guiño cómplice
casi imperceptible, un abrazo cálido que me empuja a desear, aún
más, tus abrazos, un beso tierno que alimente mis sueños. Hoy,
de nuevo, pasearé mis fantasías adolescentes por la orilla del mar,
por esa playa que las mareas han teñido de negro, sembrando desolación
y mientras agache mi lomo recogiendo trozos dispersos de muerte prometeré
a mi alma que lucharé, lucharé por desterrar negros presentimientos
sembrando vivas ilusiones de un próximo encuentro de tu cuerpo con mi
cuerpo, de tu alma con mi alma, de tus besos con mi deseo. Este
frío sol de invierno me recuerda tu mirada triste, vacía de sueños
por esta vida de hastíos, de hipócritas lazos, de falsos encantos.
Pero su calor tímido me alimenta el deseo de no caer rendido y me anima
a luchar por tus mimos. Mi
Silencio quiero ser tu hombre y tu niño, protegerte en el desatino y
acurrucarme en tu regazo en el tiempo de los cariños, quisiera raptarte
de esa vida que te esclaviza y huir juntos muy lejos, lejos del
pasado, lejos de tus recuerdos heridos, lejos de la monotonía que
te atrapa en la noria del vacío. Ven
amor, ven mi silencio que quiero morir contigo. BUENOS
DIAS: Como cada mañana, fiel a mi cita, saludo al día, a este día que
nace conmigo, dejo la vigilia enredada con el pijama bajo la almohada,
abro las ventanas de mi mirada y entre los cajones del armario busco una
sonrisa, hoy quiero vestirme la más bonita, una sonrisa franca que me
acompañe durante todo la jornada. El
café con que me desayuno lo endulzo con tu memoria, lo revuelvo
una y otra vez en la taza para que tu recuerdo lo impregne
desterrando su amargor y quede tu sabor en las papilas de mi boca. Lavo
mis legañas con esperanzas y mis dientes lo cepillo con la blancura de
tu sonrisa, me aseo, me visto mis viejos pantalones, la camiseta que un
día me traje de América y me embozo bajo la chupa para guardar, sin
que escape de mi cuerpo, el calor que me diste aquella noche en que
mi almohada fueron tus senos y tus muslos mi sábana. El
día me espera fuera, entre las aceras de mi calle, me acompaña en mi
paseo por la ribera del río hasta llegar a la playa, quiero otear el
mar, hoy está bravío, está teñido de negro, de negro veneno y pienso
porqué no desteñirlo con la blancura de tu alma, aplacar las olas con
tu sonrisa y el canto de tu voz susurrándoles una nana. El mar es como
una niña, caprichosa como tú, que a veces te muestras tan sosegada
cuando entre mis brazos te acurrucas y otras veces, en que la ira te
embarga, vociferas rebelde y agitada. Dime
ALMA MIA, por qué me recuerda este mar a tu mirada, por qué su
presencia me calma y me transporta el pensamiento hasta tu cama. El
cielo de esta mañana es un lienzo de variados colores, entre grises lánguidos
bordeados de blancos algodones, se asoma tímido un azul que despierta
mis ilusiones. La música la ejecutan los coches, agitados movimientos
entre bemoles, y los gritos de los niños que alegres juegan en los
parques, y el silencio de esos ancianos sentados frente al mar viendo
como zarpan hacia el horizonte sus últimos días, resistiéndose
entre evocaciones. Yo
continuo mi camino ajeno al mundo que me rodea, con mi sonrisa de
estrenos, con mis pantalones viejos, aquella camiseta que traje de América
y el calor de tu cuerpo, vivo ajeno al mundo para centrarme en ti, mi
Silencio BUENOS DÍAS: Hoy
no te he escrito ALMA MIA, quedó quebrado mi silencio empujando por la
monotonía de la vida, hoy es sábado y mi estancia se llena de ruidos,
ruidos ajenos que ajan el brillo del cristal del espejo donde te
miro. Hoy el rumor del mar se apagó, enterrado entre rugidos
de fieras, tiembla la llama del cirio donde contamos los días que nos
faltan, eso días eternos que restan para nuestro encuentro, tiembla la
llama y tiembla mi alma, el temor a que el soplo de las tormentas la
apague y una mañana al despertar solo encuentre humo, amordaza mi
garganta, envilece mis sentires. Suelo al despertar en asir tus manos, en pasear a tu
lado en silencio, dejando que hablen las miradas y se dibujen sonrisas
en tu cara, sonrisas que me inviten a invadir tu boca con mi boca, a
invadir tu cuerpo con mi cuerpo en eterna fusión de dos almas. Me interrogo que dibujos manaran en tu rostro en ese
instante efímero en que se encuentren nuestros sueños, en ese lapso en
que crucemos la frontera de la vida real, hospedándonos en el corazón
del otro. Y no hallo
respuestas, solo encuentro deseos, deseos de convertir en realidad
nuestro sueño. BUENOS
DÍAS: Hoy mi noche se vistió con tus ausencias y cuelgan de las
paredes desnudas de mi estancia los ecos mudos de tus enmudecidas
palabras. Mi estancia, un cuarto de paredes ajadas que un día fueron
blancas, a las que la monotonía fue tiñendo de pastoso y cetrino color
amarillento, son el reflejo de estas noches largas donde entre bostezos
alargo la agonía de tus recuerdos. Mi
cama está vacía, solo yace mi cuerpo inerte, hueco, este cuerpo que
late por la costumbre, que a veces se duerme mecido entre las fantasías
de mi memoria y las pesadillas de tu lejanía. ¿Y
me preguntas qué tal duermo? Duermo solo, duermo vacío, duermo sin
dormir, soñándote en la distancia. Un libro caído sobre la alfombra,
unas viejas zapatillas y el cenicero son los objetos que al despertar
siempre veo. Ese cenicero colmado de arrugadas colillas, anegado de
cenizas, restos de las evocaciones que te dedico cada noche, restos
de ti que nunca te alojaste en esta alcoba. Al fondo más libros, más
vacíos y una ventana, esa ventana que abro todas las mañanas para que
con su frío aire renueve mis sueños. Y
al levantarme siempre me asomo por la ventana, miro al horizonte buscándote
entre la ramas de esos árboles sin hojas, arrancadas en el otoño por
el fuerte viento que anunciaba la llegada de este invierno que me
congela, y son esas hojas secas, la que alfombran mi primer paseo
matutino, las que crujen secas bajo mis pies dedicándome una
sonata melancólica, una canto de muerte sin consuelo. Y
me resisto, me resisto a matar estos recuerdos, me resisto a desterrarte
de mi mente, a perderte en el olvido, a no verte. Y te hablo entre
silencios y te cito, te cito y te prometo que jamás dejaré de
quererte. Hoy
me levanto vestido de ausencias y me abrigo de esperanzas, de esas
esperanzas que tú me regalas cada día con tus palabras, cuando me
dices que siempre serás mía, aunque compartas tu lecho con otro
hombre, con otras miradas, con ajenas caricias, con otras madrugadas. BUENOS
DÍAS: Silencio que siempre vas conmigo, dime, ¿Serán ciertamente
buenos? ¿Después de esta noche aciaga, preñada de desencuentros
pueden amanecer días buenos? Llevo semanas amordazando mi lengua,
callando ante el atropello, siendo bueno, pero ya me estoy cansando de
recibir siempre en el mismo lado, quizás debiera cambiar mi
postura, voltear el cuerpo para que cuando me laceren lo hagan en
el otro costado. Llevo varias semanas fustigado con el látigo de las
palabras y sumiso callo, pero me estoy hartando, así que hoy cambiare
mi vestuario, buscaré en los cajones de mi armario una sonrisa, pero no
será una sonrisa hipócrita de esas que visten de guapo con formas de
escudo que te protejan, hoy busco una sonrisa irónica de esas
que se usan como dardos, dardos envenenados como esos que llevo clavados
en mi espalda, dardos que me lanzan a traición entre las sombras,
calumnias de despecho, difamaciones nacidas de la rabia, envidias y
celos. Sí,
me vestiré de sonrisas y me colocaré una mirada fría,
desafiante, una mirada que mire fija a los ojos de los cuervos que me
devoran, de esas aves carroñeras que ya me dan por muerto y además
buscaré en mi armario si guardo entre la ropa vieja, palabras de doble
filo, navajas dialécticas y me armare hasta los dientes para
pronunciarlas sin miedo. Te
quiero ALMA MÍA, te quiero con orgullo y no aguanto ya este silencio,
por ti he sido felpudo donde se limpian los excrementos que llevan
prendidos los que entre las basuras buscan miserias, he sido vertedero
donde han arrojado sus miedos y ya no puedo. Hoy
me vestiré de agua limpia, de arroyo cristalino, que todos vean mi
fondo de piedras, de canto rodados desgastados día a día por la
corriente del río. Hoy
pasearé mi alma a cuerpo descubierto, esperando tus palabras de
aliento, esperando tus gestos concretos, esperando un guiño certero que
dejé claro al mundo cual es mi puesto, hoy quiero saber si soy o no
molesto, porque de serlo, llenaré mi alforja con unos pocos recuerdos,
me calzaré las botas y partiré de madruga en silencio. Hoy
los sueños de mi insomnio se tiñeron de roja ira, negro desencanto y
grises hartazgos. Esta mañana que ahora despunta me trae nuevas
tonalidades vestidas de los mismos colores, el rojo ya no es de ira,
sino armadura de combate, el negro no es de descanto, sino de duelo cara
a cara ejecutado y mis grises no son hartazgos sino deseos de
enfrentarme a las lenguas viperinas que me envenenan. Esta
mañana fría quiero inhumar mi cuerpo autista, invernarlo al calor de
tu regazo, dejarlo ahí aparcado mientras reestreno el cuerpo rebelde
ese que tenia guardado en el armario entre bolas de alcanfor esperando
este momento. No
dudes que si muero en la batalla mi último recuerdo será para ti
silencio amado, si mis enemigos me exilian llevaré conmigo tu
foto, así cuando entre las paredes de mi celda necesité ver la luz de
sol, me alumbraré con tu mirada, cuando mis heridas me desangren será
el recuerdo de tus besos quien las coagule, sólo quedarán las
cicatrices desparramadas por mi piel, tatuajes indelebles de tu
recuerdo, mudos testigos del amor que te profeso. Hoy
tú tienes la palabra, yo enmudezco. Buenos
días: Hoy ha sido una noche larga y profunda. como si me hubiera
regalado unas horas de sueño, una noche entera revolviéndome entre sosiegos.
Tímidos
mis ojos se han abierto despertados con el titilar de los cielos, era la
hora exacta en que las campanas tañen a muerto, anunciaban la muerte de
la muerte, de esa noche larga de silencios y el gallo anunciaba con
su canto la vida, esa vida que renace cada mañana con luces de
esperanzas. Hoy
me vestiré de persona y me lanzaré al ruedo, a esa selva de asfalto
invadida por autistas que corren sin destino, me perderé entra los
rostros inertes de los viandantes, entre esos señores serios a los que
un día la cruel monotonía les robo la sonrisa. Son como robots sin
alma, sin gesto, a veces pienso que son ciegos, que no oyen, que al
levantarse alguien les da cuerda y ellos repiten los mismos paseos, los
mismos trabajos, los mismos gestos. Y
yo, lo confieso, a veces los envidio y me quedo mirándolos, así tan
serios que hasta parecen humanos, me pregunto si serán felices, si sabrán
que les robaron no sólo la sonrisa sino el encanto por la vida y
sobretodo, les despojaron de los sueños. Estos
mismo sueños con que yo te sueño, estas mismas ilusiones con las que
me ilusiono y, quizás, les robaron hasta el alma, este alma que por ti
suspira, este alma que te reclama, este alma ALMA MIA que yo te entregaría
desnuda para hacerla tu esclava. Imagino
que algún día, en tiempos muy remotos, estos hombres tuvieron alma, un
alma que, como la mía, también latía, un alma que entregaron a otra
ALMA MIA y por falta de riego se marchitó encerrada entre las rejas de una
maceta y hoy languidece en medio de un otoño gris de ventiscas que
cuando arrecia, uno a uno arranca sus pétalos, destiñéndola,
dejándola vacía. Pero
por qué fijarme en el mundo, este mundo ajeno y autista si a mí me
basta tu sonrisa para alzar mis vuelos, si a mí me basta tu mirada para
ver las estrellas, ni me bastan tus caricias para mecerme entre dichas,
si tú para mí lo eres todo, ALMA MIA. Hoy he soñado con portazos, con esos desplantes que nacen de la rabia y en medio del sueño, me quede con la palabra en la boca cuando me cerraron las puertas. Hablo con mis sueños tratando de entender por qué no es equitativa la relación entre el sueño y la vigilia, por qué siempre uno debe estar por encima del otro, por qué si habla el vigilia, sueño no le mira a los ojos y se distrae con todo y con todos los que por su lado pasan, por qué una mosca con su monótono siseo puede distraer al sueño, dejando que vigilia hable como quien habla a un muerto. Así pasaron las horas entre la vigilia y el sueño, en un coloquio de difuntos, conversaciones de cementerio, como esas campanas que rasgan el aire pastoso de los campos con su tañer a duelo. Quizás por eso, el insomnio, el tahúr insomnio que siempre juega con ventaja, con las cartas marcadas, tan dominador como sigiloso, domina las horas y alarga la agonía de esta ALMA MIA que no termina de echar raíces en tierra húmeda, que se reseca entre yermas soledades, entre marchitos encuentros ornados con flores a las que arrancaron los pétalos, vistiéndolas de desidia, tiñéndolas de oscuros tropiezos. Quizás sea así, que las noches en que me cubro con las mantas del silencio, esas noches en que intuyo que arreciará la tormenta con su carga de emociones, vestida de luces de rayos y cantos de ensordecedores truenos, me cautiva el miedo y entre las sábanas escondido rehuyo los fantasmas de mis temores. Mi cobardía desnuda oculta bajo las mantas, mis lágrimas enjuagadas en mi leal almohada, compañera infatigable de largas veladas de insomnio y mis miedos titilando entre las venas por donde fluye mi sangre aguada. Y así, refugiado entre los lienzos blancos con que cubro mi cama, pasan los minutos eternizándose en el tic tac acompasado del ese reloj que nunca cesa de perforar mis oídos, torturándome en un largo martirio, rasgando en jirones los mutismos dominadores de la noche, minuto tras minuto voy contando las horas, hasta que tímida florece la primavera de las luces, los claroscuros que se cuelgan en las paredes amarillentas de mi alcoba, flores silvestres sin aromas filtrándose entre la ranuras de la frontera de mi persiana para anunciarme coloridos que ya amaina la tormenta, que murió la luna llena y que las estrellas apagaron su brillo, cesaron en sus guiños cómplices para dar paso a los tonos azules celestes. Es entonces cuando despierto de este letargo de inspiraciones, es entonces cuando se seca la fuente de donde manan mis insomnios, mis palabras rebuscadas, mis lamentos de hombre. Y ya despierto abro de par en par mi ojos, te busco ALMA MIA con mi mirada y de bruces tropiezo cada día con tu ausencia, con los vacíos que anidan en mis entrañas, con esas oquedades que no logro poblar con tus besos, aquellos besos que un día me robaste. Ya no tengo fuerzas para retarte a un duelo a muerte entre mi vigilia y mi sueños, entre mis esperanzas y mi desconsuelo, y me rindo, abato las banderas y arrío los estandartes, clavo mis rodillas en la tierra, un acto de sumisión propio de cobardes, te muestro mis manos desnudas, son aquellas mimas manos que un día apretaron con fuerza tu cuerpo contra mi cuerpo, tus senos contra mi pecho, tus muslo contra mi miembro, las mismas que un día tiernamente resbalando por tu piel te esculpieron mientras moldeaba tu figura con mis besos, recorriéndote uno a uno cada rincón, cada pliegue de tu ignoto cuerpo, erizando mi pellejo, izando mi vello, erectando mi languideciente viril firmeza. Y de mis ojos, al rendirme, se vierten gotas de sangre que fluyen por mi rostro, ya no lloro, se seco hace tiempo el pozo donde atesorabas mis lágrimas, ahora es roja pasión la que se escapa entre mis pupilas, rojas de ira y vergüenza como el rubor que peina mis mejillas, negras como el fondo agitado de mi alma, grises como es desde con que me castigas, sangren impoluta que corre débil como el cauce del arroyo seco del estío . No, ya no lloro, sangran las llagas que tatúan mi cuerpo malherido y te reclamo perdones, y te imploro indultos, y te invoco ALMA MIA, como se invoca a Dios en el lecho de muerte, para que me acojas de nuevo en tu regazo y me mezas entre mimos, y me susurres al oído aquellas palabras que nunca olvido, aquellos te quiero que un noche de verano entre insomnios, sueños y vigilias, tu y yo compartimos. Hoy se abren perezosos mis ojos, las pesadas persianas de mis párpados se resisten a reconocer la luz invasora que domina mi estancia, la noche profunda donde se sumergieron mis sueños agoniza en un mar de sol, ayer me dormí entre tus brazos, en el calor del útero de tus pechos, apoyado en la mullidas almohadas de tus senos. Esta noche no me visitaron las pesadillas, el discurso de mis sueños fue sereno, fue cálido, fue profundo, tan profundo como ese mar donde ayer me transportaron tus últimos besos. Aislado por la sinrazón de lo cotidiano, esperé paciente tu voz, y llegó, llegó con las ultimas luces, navegando entre mis últimos bostezos, entre nanas desafinadas por tus gemidos me meciste entre tus ingles y se durmió mi vigilia. Hoy me despierto en medio de un lecho vacío, entre sábanas desplanchadas, entre noches sin recuerdos, pero me dejaste tu aroma prendido en mi pijama, ese olor de amapolas mezclado con jazmines y almizcle, me quedó ese regusto que aún saborea mi lengua, ayer me ofreciste la pócima que mana de la fuente de tus suspiros, la libe sorbo a sorbo, gota a gota al compás de tus deleites, me amordazaste contre tu pubis aferrándome con tus piernas, acariciando mis cabellos, hoy he dormido embebido y no me duele la resaca, me duele tu vacío, me sabe a poco estos encuentros efímeros, pero me llenan tanto estos aislados caprichos que por ellos daría la vida ALMA MIA. Buenas días: Hoy despierto tras una larga noche de silencios, lejos de ti, exiliado en las orillas del infierno, lejos de ti. Mi cuerpo siente hoy los dolores de tanto trabajo incierto, lejos de ti, hoy mi mente renace esperanzada desde el silencio impuesto, lejos de ti, y sin embargo, ni la distancia, el trabajo, el silencio ni está noche larga, han mermado un ápice esa cercanía en la que te llevo. Hoy en este despertar, en esta mañana de vientos gélidos, mi primer deseo es para ti, como lo eran mis pensamientos entre aquellas negras rocas donde me extraditaron durante el fin de semana, castigo inhumano este de alejarme de ti, que hoy se compensa al verte llegar como cada mañana buscando mis letras, encontrando mi mirada, regalándome tus sonrisas y abriéndome tu alma. Si hoy te dijera que no hay distancias, que te llevo aparcada en un rinconcito de mis entrañas, imagino que no me creerías, que pensarías que son palabras regaladas, pero es cierto, te llevo prendida de mi alma y entre los sueños, esos que se sueñan despierto, te veo sonriente, te percibo alegra, te siento dichosa de saber que te quiero. Por eso, y porque yo también te quiero no pierdo la esperanza de un reencuentro, no pierdo la esperanza de que olvidemos aquellos viejos primeros momentos, tus desplantes, tus... ¿puedo llamarlos engaños? Y sobretodo, el enmudecimiento de los faltos, lo siento. Tiempo pasado que aún se hace presente cuando me cubres de distancias, enfados y silencios. Razones desconocidas que anidan como dagas en mi corazón maltrecho, historias desgarradas de un comienzo. Anda no me castigues, hoy que despierto de este largo sueño, ábreme tus brazos, acógeme en tu regazo y dame un fuerte beso, devuélveme los buenos días, regálame tus sonrisas y una tierna caricia que me alimente para poder soportar esta distancia, entre nuestros dos mundos tan opuestos. Hoy de nuevo me invadieron los insomnios, quizás sea la mala digestión de esos frutos agrios que cuelgan del árbol de la prudencia, esos silencios calculados que no terminan, los cuentos narrados a los pies de la cama antes de dormirme, esos que nunca acaban, que se repiten cada pocos días, esos príncipes que despiertan a las ranas de sus pesadillas convirtiéndolas en hadas, esos lobos que comen viejitas o esas malas hermanas que se mofan de la pobre adoptada. Cuentos para niños y hombres inmaduros, ¿era así como me llamas? Sí, ciertamente soy un niño que aun creen que hay damas, miradas transparentes y grandes ventanas donde se asoman las almas enamoradas. Quizás debería crecer y no creer en cuentos de hadas y no soñar contigo cada día al despertarme por la mañana. Saber que los hombres no lloran por una mujer ni se desvelan por su amada, convencerme de una vez por todas, que nadie me dará gratis nada, que la vida moderna es un gran mercado donde todo tiene un precio y nadie regala nada, que la confianza se gana y que yo, soy como todos, un poco más de esa nada.. Qué noche mas larga, entre vueltas sobre la cama e ida y venidas al bacón a fumarme mis desganas, a charlar con la luna llena que desde el cielo me miraba, a tiritar de frió en esta noche aciaga, viendo caer aguanieve y alguna de esa lágrimas que no pueden contener mis ojos cuando la impotencia y el descreimiento me embargan. Hay días como hoy, que el sol tarda en asomarse por la ventana y yo lo espero con inquietud y muchísimas ansias para que ponga fin a esta noche tan larga. Estas noches en la que todo está negro y no encuentro la luz que ilumine mis esperanzas, vanas esperanzas que se depositan en otras gentes, en otras vidas ajenas, en otras causas. Y lo peor de todo es que creo que tienes razón, que soy un idiota que no debería dártelo todo, que debería guardarme alguna carta bajo mi manga, pero es que no puedo amar de otra forma, que solo se entregarme, compartiendo mis miserias, abriendo de par en par mi alma. Hay noches como esta que presumo que volverán a matarme la vida rompiendola en mil pedazos, a hurtarme la risa y secarme el pozo donde atesoro las lágrimas, que harán de mi un felpudo donde limpiarse las msierias que se trae en las suelas de las botas, ese lodo del camino que se pega como una lapa, que seré el pelele, ese muñeco con que se juega cuando se aburren y que muere olvidado en un rincón de la casa cuando ya no les sirve para saciar la sed, esa cuota de vanidad son que nos abrigamos en el frío de la soledad. Hay mañanas como esta que no anuncian buenos días, sino negros recuerdos, días donde asoma descarados los silencios con grandes ruidos de truenos, esos nubarrones negros que anuncian próximas tormentas, el granizo que rompe las flores y agujerea los paraguas donde nos guarecemos de esos aguaceros de verano, de esas gélidas galernas que arrollan a su paso todo lo que encuentran. Está bien, sea como tu deseas, atesora tus silencios, esos que te dicta la prudencia, esconde tras ellos tus vergüenzas, yo no he sabido ganarme tu confianza y me temo que no ganaré casi nada, porque yo no juego con las cosas del alma, quizás me gane un par de abrazos y unas cuantas sonrisas, un diccionario de bellas palabras y al final, una espada clavada en mi espalda. Pero aquí seguiré, esperando tu confianza. Pero ¡Que coño!!, por que debo callarme yo, por qué amordazar mi garganta, si soy hijo del viento, hermano de la bruma y un enamorado de los sueños. Sí, hoy te lo repito con voz clara, para que nunca lo olvides, TE AMO, aunque calles, aunque me condenes al silencio ALMA AMADA. ¡Dios mío! Qué frío hace. Hubiera sido mejor seguir calentito en la cama, con la cálida compañía de tus recuerdos, revolcándome entre las caricias de las sabanas, gratificándome con la visión de las sombras que esta mañana de grises dibuja en las paredes de mi alcoba, soñando despierto con tus palabras, dejando vagar mis fantasías por cada rincón de mi casa. Pero la obstinada monotonía me llama, el gallo con su canto de madrugadas, los gorrioncillos que anidan en el cedro que orna el paisaje de mi ventana, los coches, esas endemoniadas máquinas que rugen tan de mañana, y la luz, esa luz que hoy se tiñe con filtros grises, que se oscurecen al paso de las nubes, de esas nubes que amenazan con romper el cielo en mi pedazos y arrojarlos en forma de blancas lágrimas, copos de nieve que clareen la estampa de esta ciudad moribunda donde nadie se percata de que existo, resucitando de mi sueño cada día a la hora que clarea el alba. ¡Dios mío! Que frío. Como se cuela invisible entre las rendijas de mi ventana, como me cala las entrañas erizando mi piel blanca. Hoy percibo el frío en el cuerpo y el frío en el alma. El frío de cuerpo lo combato con un café bien cargado y ropa de alana, pero cómo combatir este frío del alma, este frío que me produce tu distancia, tu voz antigua que desde lejos me llaman, tus recuerdos, tus cálidas palabras. Es curioso como unas palabras y una voz entrecortada han germinado en mis entrañas esta sensación de nostalgias, este vacío tan inmenso que me provoca el no tenerte en mi cama. Y me pregunto sino será todo una quimera, un sueño hermoso, un imaginarte mi reina, un enamorarme del viento, de este viento que hoy me hiela, en esta mañana fría de crudo invierno. Dime mujer amada, esos miedos, esas prudencias que ambos mecemos en nuestras cabezas serán las tristes agoreras del infortunio que nos espera, o solo serán la parte tangible de nuestros deseos, que el miedo sea . no un mido a vernos, sino al vacío que provocará después nuestras ausencias. Miedo a verte desnuda ante mí, miedo a que reconozcas que no eres tan pudorosa, que cuando conmigo te excitas eres una potra loca, loca de pasiones y deseos largamente enclaustrados en esos convencionalismos de niña burguesa y temas, ahora que llega tu otoño, descubrir nuevas metas, nuevas pasiones largamente presas en esa cárcel de modales, urbanidades de familia, composturas, falsas creencias, mortajas con las que te vistieron siendo niña como un castigo que te recordara que la vida es una larga agonía, un paseo tétrico hacia la muerte donde no se contempla el latir libre de la vida. Fíjate en la gaviotas, en ese vuelo majestuoso con el que ornan su cortejo, en ese rito previo al encuentro, al acople entre dos cuerpos, así quiero seducirte, en vuelo libre, en un vuelo de deseos incontenibles, quiero que anides a mis costado, que de tus ojos eyaculen miradas de mujer, que tu manos moldeen mi cuerpo y con tus besos esculpas mi figura que antes y después del acople de nuestros miembros te embriagues de mí, me vivas y resucites de esa mortificante monotonía a la que te aferras, ese hastío que te embrutece entre ausencias de ternuras y carencias de mimos. Quítate ese sombrero para que vuele tu imaginación, quítate esa coraza para que yo penetre en ti, quítate la ropa para que yo pueda calentar tu cuerpo en este día tan frío, para compartir cálidos susurros y electrizantes espasmos que emanen de esa cueva húmeda donde me deseas enclaustrar. ¡Dios mío! Qué frío hace hoy ALMA MIA. Buenos días y hoy, créeme, si que han sido buenos,
mi sueño ha sido como un profundo suspiro, me despierto sereno, con los
ojos bien abiertos, con la sonrisa colocada en su justa medida, no muy
ostentosa ni tampoco muy disimulada, hoy el canto de los gorriones es
armónico y el sol entra gallardo por mi ventana. Imagino que fuera, en la selva de asfalto, hace frío
y que en mi paseo matutino me cruzaré con los mismo autistas que veo
cada día, que en el parque jugarán entre griteríos los niños y que
en las terrazas que miran al mar estarán los mismo ancianos que invaden
los espacios soleados cada día. Imagino que la vida exterior, esa que
me es tan ajena y a la vez tan cercana, navegará por el mismo océano
de monotonías, que veré alguna pareja abrazada diciéndose entre besos
que se aman, que veré parejas mudas, esas que caminan sin dedicarse una
sola palabra, veré conductores de autobús malhumorados, camareros que
me arrojaran la taza de café cortado como si me dieran limosna, que los
titulares de la prensa hablaran de esas misma atrocidades que ya me
tienen harto, que la televisión seguirá con los mismos vacíos
programas y que las llamadas que reciba, en su mayoría, no las tuyas,
serán para no decirme nada. Pero que voy a hacer, si hoy me desperté como se
despiertan los cisnes, altivo, grácil y féliz, si hoy veo el mundo con
otro prisma que lo tiñe de verdes de esperanza, si hoy el gallo cantó
una obertura que me hechiza, si hoy mis sábanas eran blancas, prendidas
de tu inmaculada añoranza. Hoy no recuerdo
mis sueños porque me dormí contigo, pensándote, soñándote, en un
largo diágolo en el que yo ponía las voces, nuestros susurros y pensamientos,
me fui quedando dormido, no recuerdo donde acabo nuestro encuentro, solo
recuerdo que me dormí como un niño, y hoy me despierto como un hombre
que te desea ALMA MIA. Buenos días: Hoy me despierto entre bostezos, los míos
y los vuestros, este obstinado repicar, estos tañidos a muerto con que
me despierto cada día deben de cesar, enmudecerse para vivirlos en la
intimidad, antes de que los bostezos terminen por borrar las sonrisas de
vuestros rostros y dibujar gestos de aburrimiento. Llega el fin de semana y de nuevo debo partir,
abandonaros en medio de los silencios, dejaros huérfanos de mí,
esperando el olvido como justo pago a estos lamentos, estos insomnios y
estos sueños. Este fin de semana no iré a limpiar chapapotes ni tan
siquiera iré a Madrid a reunirme con la masa silenciosa hecha grito,
hecha protesta reivindicativa, aullido solidario con las gentes del mar,
no iré a Galicia pero iré con Galicia a esa otra tierra hermana
catalana, a la cosmopolita Barcelona, iré con las gaitas, esos
instrumentos que no cantan sino lloran por el vacío de la lejanía, por
la saudade con que amanecen cada día, lejos de su cuna, de sus lluvias,
de ese pertinaz orvallo que inunda de humedades las nostalgias, iré a
mostrar como lloran las gaitas en ese tierra clara que mira al Mediterráneo,
que amanece entre soles cálidos cada alborada y allí lloraremos
de alegría por este furtivo encuentro entre gallegos del exilio. Hoy amigos no me extenderé en narrar mis desvelos ni
mis sueños, ni tan siquiera estos bostezos, hoy amigos me despido con
mirada melancólica, con suspiros hechos brisa, pero no diré adiós,
bastará, creo yo, un simple hasta luego, bastará, digo yo, una sonrisa
de agradecimiento y un "os quiero" a todos los que en la
distancia habéis compartido conmigo cada mañana mis desvelos. Quizás volveré,
pero no os lo prometo, hoy me calzo zapatos con alas que me permitan
remontar el vuelo, lleno mi alforja con vuestros recuerdos plasmados
entre líneas entre estos, mis sueños, y os dedico un gran y sincero
BESO. Mi vida es vivida como dicta la madre natura, un
continuo ir y venir, flujos y reflujos que se suceden en una cadena armónica
, siempre igual y siempre diferentes. A las noches que escapan les
persiguen los días recién nacidos, a los inviernos las primaveras y en
m corazón cuando aún no se han apagado los ecos de un latido, le
acosa el rumor de otro nuevo latido. Es la noria que gira y gira parsimoniosa (de
Parsi medes),
aparentando ser siempre la misma y sin embargo, es tan diferente, este día
que hoy comienza es una día de estrenos, un día diferente,
irrepetible, es el hoy que toca vivir, que reivindica llenarlo de
sonrisa, es el único día, tan único que es el primero y el último,
aunque hayamos vivido otros días y tengamos la certeza de que viviremos
otros muchos más. Aquello que hoy no haga, jamás lo haré, el beso que
hoy no dé, será un beso perdido. A veces, al despertarme tengo la extraña sensación
de que la vida no camina, que a un día le sigue otro día y siempre será
igual, no soy consciente que llegará una noche que no amanezca, una
noche que vele mis ojos y mis latidos, es esa extraña sensación del
hombre que, inconsciente, se siente eterno sin darse cuenta que esta
resta va despojándonos los días, nos va robando la vida. Por eso hoy, que mi alma está henchida de bellos
recuerdos, de las evocaciones de esos momentos que viví estos días,
quisiera compartirlos contigo, vivirlos de forma intensa, quisiera y lee
bien lo que te digo, que desterremos de nuestro lenguaje una palabra,
esas de la que tanto abusamos, esa que sirve para callar los
deseos no cumplidos, esa que siempre usamos al despedirnos, ese MAÑANA
tan socorrido. No, no hay mañana, el mañana es otro hoy diferente,
no quiero pasarme la vida esperando a ese mañana, quiero vivirla hoy.
Hoy quiero besar tus labios, acunarme en tus ingles, pasear aferrados de
la mano, y embriagarme con tu mirada. Sí, hoy. En este hoy que te
levantas con el calor de otro cuerpo, con la ausencia de mi alma, este
hoy que hemos dilapidado en aras de un incierto mañana. Hoy correría a tu encuentro, hoy cantaría tus alegrías,
hoy te comería a besos sin preguntarme siquiera si viviré mañana. No
es sana la espera, no es prudente el que nos digamos mañana, porque ese
mañana no llega y cuando llegue quizás ya se haya evaporado esta
eterna espera. Saludemos al día
que ahora comienza, démosle un fuerte beso, abracémonos a él como si
fuera nuestro único día, aprovechemos este preciso momento, es el único
que tenemos ALMA MÍA. Buenos días: Hoy
te he soñado entre nostalgias, entre los besos infinitos y las alegrías
con que reparas mi alma herida, hoy te he soñado entre mis sábanas, húmedo
lecho donde nos acunamos entre juegos de niños y amores de adultos. Y
me he despertado con una sonrisa,
esa
que a veces me robas, me he despertado cantando viejos salmos, viejas
canciones de antaño, evocando tu ingles, evocando tus llantos. Esta pobreza que arrastramos, esa monotonía que nos
pudre, esta vaga esperanza de romper las argollas que nos atan al
pasado, esta cadenas hiladas de eslabones pétreos de las que no nos
descabalgamos se convierten en rejas que tapian ventanas, que ocultan
los soles de las alboradas, que ensombrecen la luz de mi mirada, que
borran de mi rostro la sonrisa en estas mañanas en que al llegar
la luz acompañada del canto del gallo me recuerda la presencia vacía
de tu ausencia y empujan a verter mis lágrimas entre las cuencas de mis
soledades. Hoy te he soñado y el día que amanece parece más
claro, un día mecido entre recuerdos de aquellos momentos en que fuera
del mundo, los dos encerrados encontramos nuestros cuerpos desnudos y
supimos amarnos. Sí supieras que real era mi recuerdo, si supieras que
aún tu aroma me despierta pasiones incontenibles, si supieras que aun
disfruto viendo tu pudorosa mirada, que aún hoy, un siglo después
estas viva en lo más profundo de mis entrañas. Si supieras como me
duele esta ausencia prolongada, si supieras cuantas noches las paso
confesándome con mi almohada, acariciándola como si fuera tu piel
erizada, besándola como un día bese tus labios húmedos, si tu lo
supieras correrías a mi encuentro a resucitar aquellos momentos, a
vivir de nuevo, huyendo de esta muerte en la que vives acompañada de añejos
sentimientos autistas, aquellos que fueron y ya no son más que un
recuerdo, si tu supieras que tengo guardado para ti un cielo, correrías
despavorida a mi encuentro, pero quizás, llegué tarde a la estación
de tu vida, ya tu tren huía entre cobardes pitidos, con sus vagones vacíos,
con el equipaje lleno de desconsuelos. Soy consciente que te di aquel día muy poco, lo poco
que yo tengo, mis manos desnudas y mi aliento fresco, te di mi alma paupérrima,
mi amor sin limites, lo único que poseo. Tú tienes una vida de ensueño,
un trabajo reconocido, un marido que te quiere y unos hijos, un cómodo
sofá donde te sientas a soñarme, una plancha donde desarrugas los
bostezos, una lavadora para limpiar tus soledades y un piso enorme lleno
de gente extraña. Sí tienes muchas cosas y yo no te ofrezco nada, sólo
puedo entregarte mi alma y eso no vale nada. Seguirás apostada
en tu ventana viendo al atardecer los crepúsculos, seguirás colocando
en tu rostro una sonrisa cada mañana, seguirás siendo una dama, y yo
seguiré vagando errante por estos pedregosos senderos que lleno de
palabras al alaba de cada mañana, recordándote, evocando aquella efímera
jornada en que tú y yo lo fuimos todo y me robaste el alma. Tú seguirás
bailando en esta danza de máscaras, yo seguiré desnudo mostrando las
cicatrices con que tatuaste mía esperanzas, esta heridas que aún
sangran, esa sangre teñida de roja pasión y eso suspiros hechos canto
con los que te doy mis buenos días puntualmente cada mañana. Buenos días ALMA MIA, Como cada mañana te escribo al
finalizar mis pesadillas, y lo hago para que percibas como se van
consumiendo nuestros días, como el tiempo imperceptible se va comiendo
nuestra vida. Quisiera que hoy meditaras sobre esa falsa sensación
que nos domina, esa inconsciente manera de acomodarnos en la vida
creyendo que siempre estaremos aquí, sin darnos cuenta que, poco a
poco, el vaso donde libamos nuestros días se vacía, pierde energía y
cualquier mañana inesperada enmudeceré, y no será porque no desee
darte mis buenos días, sino porque la muerte habrá venido a mi lecho
rugiendo de celos para pedirme que en adelante sea a ella y no a ti ALMA
MIA, a quien salude con mis buenos días. Y no te digo esto para sembrar temores ni
acrecentar desilusiones, pues la muerte, ambos lo sabemos, es parte de
esta vida, si te lo recuerdo es porque a veces no le damos sentido a la
existencia y todo lo dejamos para otro día, desaprovechando el momento
presente, esperando un mejor momento que nunca llega y entre espera y
espera se consume nuestra existencia. Perdona que me haya puesto trascendente, quizás sea
esos matices grises con los que el cielo hoy se tiñe, los que me hayan
contagiado, hoy cuando rayaba el sol en el oriente, sus tenues luces han
dado el toque de diana y me he despertado. Aún despeinado y con los ojos habitados por las
invasoras legañas me he asomado al balcón. Mis plantas esa
que con mimo cuido para que florezcan con los soles de abril, están
mustias, sus hojas secas, retorcidas de vergüenza, aquellas que
orgullosas un día colorearon mi ventana, hoy espera alguna racha de
viento que bruscamente las arranque del tallo para trasportarlas a la
tierra. Los árboles que ornamentan el paseo, esos plátanos
erguidos, esos olmos centenarios, los castaños de indias de hojas artísticamente
diseñadas, todos ellos están tan pelados como calvo estoy yo, sólo
algunas magnolias, unos pocos acebos y mi admirado cedro, esos árboles
a los que erróneamente llamamos perennes, sigue mostrando orgullosos
sus teñidos verdes. Por el parque, a estas horas casi desierto, camina
un señora que lleva preso a un perro, encadenado a ella, ambos
transitan en silencio, son dos seres autistas, ajenos al tiempo. Al
fondo transcurre aburrido el río, hoy su cauce es más bravío, imagino
que las lluvias que lo nutren han sido generosas en las montañas donde
se mecen los arroyos que dan vida a mi río, el color de sus aguas hoy
es de un pardo descolorido, son los granos de tierra que las
lluvias arrastran al mar, tierra muerta que formará los desiertos
marinos, esas playas en las que yo camino cuando me siento perdido. No te parece curioso que esa naturaleza viva, casi
eterna, hoy se muestre ante mis ojos como una agorera premonición
de la muerte, el cielo gris, los hojas secas de mis geranios, los
árboles pelados, mi calva, la señora autista, el perro
encadenado, el rio pardo portando arena que nutrirá los desiertos sin
vida, todo a mi alrededor hoy me recuerda que somos finitos, que este
amor que juramos eterno ALMA MIA, será efímero, por mucho que alimentemos
este fuego con leños de ternura, por muchos juramentos que alcemos al
cielo, mañana yo estaré muerto. Insisto, no es que
tenga un día al que furtivamente un ánima en pena lo haya despojado de
optimismos, no, no es eso, es que hoy el cielo amaneció gris , de ese
gris de desconsuelo que me atrapa alma, me devora las entrañas y me
recuerda que los besos que hoy no nos regalemos, serán besos muertos ¡Qué
noche! Amanece... es la hora de
las primeras luces del alba de este melancólico día de otoño. Abro
mis ojos vidriosos y no veo nada, lágrimas de sangre me ciegan, una
espesa y pastosa bruma ocupa mi alma. La guerra lejana tiñe de rojo los
cielos y pronto, teñirá de sangre los campos y de muerte la existencia
de niños inocentes. Hoy
no habrá una luz que me ilumine, caminaré a ciegas entre las tinieblas
de mis nostalgias, en la soledad árida de mi existencia. Son tan
profundas las grietas de mi rostro, tan horadado está mi espíritu, tan
extenso es mi desierto, que temo ahogarme en este océano de
temores. Amanece...
Es la hora exacta de las primeras luces del alba, el canto afónico del
gallo así lo proclama, todo está negro, oscuro y tenebroso. Las
noticias nos anuncian la nueva hambruna que asola las tierras yermas,
del oriente africano. No llueve, la generosidad húmeda de dólar se
asienta en otros horizontes, el alimento no es rentable. Alargo mis brazos, palpo
en mi alrededor, tratando de alcanzar los límites de la razón, trato
de encontrar un camino de sensatez, la senda tortuosa que conduce al
goce de los desheredados, a la dicha compartida de amores y querencias.
Pero... perdí mi bastón, y perdí mis lentes, y perdí la esperanza y
no quiero perder mis principios. Mi espíritu aventurero vaga solitario
entre la multitud de seres anónimos que me rodean. A nadie le importa
nada, los muertos son hijos de otras madres, madres anónimas sin
rostro, son hijos de otras tierras, tierras anónimas sin banderas
conocidas. Y
ahora que amanece... que ya han muerto los sueños y brotaron las
pesadillas, ahora que la noche se destierra para dar paso a las primeras
luces del alba, ¡TODO! todo en mi interior esta inundando por la negra
tristeza que me embriago en cada esquina con las evocaciones de una
justicia que no llega, distante, lejana. Una justicia que no alcanza a
defender la vida de estas pobres almas. Amor
imposible hacia una humanidad que no existe, preñado de ternura, amor
frágil, arreciado por vientos de dudas, de silencios calculados, de
palabras no pronunciadas, de medias verdades, de traiciones y engaños.
Ya mi voz enmudeció, las mordazas oprimen mi palabra libre y desnuda,
un tupido velo envuelve mis ojos, ocultando mis tiernas miradas,
Arrancaron las caricias de mis manos, y me robaron la sonrisa. Ya sólo
convivo con imágenes mudas de niños desnutridos, de madres que lloran
sin consuelo, de fuego y pólvora, de polvo reseco, de buitres de acero
que escupen muerte y se alimentan de carne humana. Soy
un vagabundo errante de este mundo frío y despiadado. Estoy solo,
nadando en la pobreza de mis soledades, despojado de mis sentimientos,
¡QUIERO GRITAR! compartir mi palabra, el tacto, la caricia y el beso,
el pan y el agua. Quiero
compartir mi cuerpo entero, regalarlo como mi bien mas preciado, quiero
entregar mi tesoro, ya de nada me sirve, pues ya nada espero. Soy pobre
de riquezas y mísero de ilusiones. Que más puedo dar, si ya todo yo,
no me pertenezco. Soy un muñeco que solo sirve para lúdicos juegos,
soy nada, menos que nada, soy la sombra inalcanzable de mi existencia,
el proyecto inacabado de un sueño. Soy cómplice de tanta miseria,
testigo silencioso de esta muerte que ruge insatisfecha, soldado de esta
hipocresía en la que vivo, soy, debo reconocerlo, un cobarde que canta
falsa ilusiones y calla verdades. Y
ahora que amanece... desde el fondo sereno de mi océano, os confieso
que no pido comprensión, que no deseo ser motivo de lástima, ya nada
espero, sólo quiero desearos, ahora que amanece, que tengáis UN BUEN
DIA. Ayer pinté un
cuadro de tonos grises donde se dibujaba un beso, una playa y unas
brumas, y las siluetas de dos almas, dos almas que se querían, te lo
regalé con la vana esperanza de que en él encontraras ese canto de
sensualidad que me despierta tu mirada, esa luz cegadora que de tus ojos
brota y esa sonrisa, tu sonrisa, esa sonrisa que me atrapa . Y cuál fue mi desdicha de que ni tan siquiera lo
miraras, que no vieras esa playa de arenas pardas del color de tus
nostalgias, ni esa bruma que envolvía melancólica ese hilo que aun
borda esperanzas, ni tan siquiera te fijaste en el beso, en esos labios
que en otros labios se posaban, ni viste, quizás estés ciega, ese beso
que tanto significaba, ese beso que anunciaba la llegada de nuevas mañanas,
de nuevos sueños que inhumaran las pesadillas que en las noches te
asaltan. Solo viste las siluetas de dos cuerpos que en el cuadro nada
significaban, los cuerpos solo objetos vanos, papel de regalo donde
enclaustramos nuestra alma. Y hoy despierto en esta soleada mañana abrumado de
desconciertos, sin entender cómo pudiste sospechar si quiera que mi
cuadro era una amenaza, no comprendo que un halago se convierta en daga,
que un beso lo veas como una puñalada. Y la rabia me invade, cegando mis
miradas a este cielo que hoy nos brinda la mañana. Quisiera pedirte perdón por mi torpeza, decirte que
lo siento, que me duele en el alma que mi cuadro no te gustara,
explicarte que yo no se pintar, que los pinceles no son armas, que los
colores no matan, y que los besos, esos besos que se nacen en las
profundidades de las entrañas, son cantos de vida nueva, son aleluyas
de un encuentro, salmos que se lanzan al viento, cánticos de coros
celestiales que a ti de dedico como muestra de ese afecto que en
silencio se había acomodado en mi pecho. No te mostraré más cuadros, ni más playas de brumas
teñidas, mi más almas que se aman, ni más besos que simbolicen esa
sensualidad que tu despiertas. Romperé los lienzos, arrojaré al mar
esos pinceles que están muertos, me armare de una brocha gorda y
proclamaré mis sentimientos en las desconchadas tapias, en mensajes anónimos,
serán gritos de rebeldía escritos con tinta negra, serán los adioses
a una ilusión, las despedidas de un sueño, serán como la noche pasada
cubierta de penumbras que no decían nada, y caminaré en solitario
hacia esta mañana preñada de luz que nos anuncia que pronta está a
llegar la ansiada primavera, no volveré la mirada atrás, no quiero ver
el vacío que mi cuadro y mi besos han dejado en tu morada, prefiero
recordarte como aquel día de otoño que frente a mí dibujaste la mas
bella de las sonrisa, prefiero evocarte dichosa como en aquellas noches
que entre las sombras cómplices de la noche desgranábamos ilusiones. Sí, tu imagen, tu mirada tierna, tu sonrisa amiga serán
compañeras de mi andadura errante, el maldito cuadro arde ya en la
hoguera de olvido con llamas rojas de ira y del humo que asciende
majestuoso a los cielos se dibuja una lágrima, una de las muchas que
esta noche han humedecido mi lecho. Mi
única ofrenda, lo único que me queda para poder entregarte con total
limpieza, es la palabra desnuda, palabra humilde que en estos
momentos brota sincera desde esos huecos vacíos en los que anida mi
desconcierto... PERDONA. Este tiempo tan inestable que tan pronto reseca mis
sueños con su sol matutino, como los pone a remojo con estas lluvias
pertinaces, me vacía el espíritu, ya no sé si debo reír o
llorar, si cantar alegres alboradas o nostálgico, evocar mis
insomnios. Es
curioso ese reflejo que veo en el cambiante clima del postrero invierno,
un espejo donde nítido me veo, el capricho de eso cambios ambientales
se refleja en mi alma bohemia, uno días amanece proclamando la cercanía
de la vida, de esa primavera en que todo resucita y otros, añora el frío
invierno ese gélido sentir que dejan los vacíos. Así
es mi vida, un continuo balanceo entre las añoranzas y los sueños, añoranzas
por aquello que dejé olvidado en el sendero y sueños por aquello con
que me premiará el destino, un ir y venir del pasado al futuro en una
alocada carrera sin sentido y mientras, voy perdiendo estos momentos
presentes que pudiera gozar contigo. A
un día alegre porque me regalaste una sonrisa, le sigue otro día
triste porque me escupen un beso, un día jocoso porque tu voz lejana se
acomoda en mi oído y otro día aciago porque las misivas me anuncian
tus olvidos. Y yo, como un títere de feria moviéndome al compás de
unos imperceptibles hilos, hilos que no terminan por tejer esa capa que
cubra mi desnudez, que me abrigue del frío invierno y proteja mi piel
de estos soles nuevos que anuncian el despertar del tiempo. Y
así, ando que ando de atrás hacia adelante, de adelante hacia atrás
recorriendo siempre el mismo camino, tropezando en las mismas piedras,
mordiendo el mismo musgo. Ya es hora de acabar con mis torpezas de este
caminar cansino, ya es hora de que vislumbre el sentido de mi marcha,
que intuya hacia donde se dirige mi destino. Pero
no, me sigo perdiendo en este bosque tupido, entre las dudas de este
laberinto, entre las estelas de este mar inmenso, entre la nubes de este
cielo. Un día llueve, otro hace frío y más tarde llega un tercero
donde radiante la luz me trae misterios. Y así transcurren mis noches,
entre insomnios y sueños, entre pesadillas y espejismos y yo, espera
que espera sin sabes si algo espero. En
este otoño vital mío van cayendo las hojas secas de mi calendario, los
días se hielan y las horas se consumen lentamente en el fuego y
sigo anclado en el mismo puerto, en la misma nave, en el mismo catre, en
los mismos miedos. Y me pregunto si esto es la vida, si en esto se
convierten los sueños, si este es el paraíso que en mis noches me
prometo. Es entonces cuando no consigo sujetar las bridas de esas lágrimas
desbocadas que se encabritan, que desean salir galopando alocadas en
busca de mis vacíos. Y me lamento por esas lágrimas de tan
infausta vida, tan efímeras, tan vacías, que al llegar a mis mejillas
se van secando, como a mi se me seca la vida, casi no he caminado y ya
he desfallecido. En
fin ALMA MIA, para que contarte mis penas, para que narrarte mis alegrías,
si tú que siempre me acompañas las gozas y padeces con la
misma intensidad que yo percibo. Matemos este nuevo día de lluvias
y frío y sentémonos a la vera del camino, esperemos a otras jornadas
en que el sol nos ilumine con alegrías y juntos prosigamos el
peregrinar por los senderos de esta incompresible existencia que aclarar
nunca consigo. Hoy amanece un día gélido y claro,
han rolado los vientos, hoy arrecian fuerte del norte, es un viento frío
que clarea la mañana, el sol luce con todo su esplendor inundando de
luz la vieja oscuridad de la noche, las brumas de las dudas se disipan,
los cielos grises se tornan azules y aquellas nubes donde se guarecían
las mentiras lloran mojando otras tierras, hoy renace en mí la
primavera, esta ventisca a disipado las quimeras, los lejanos
espejismos, los sueños y las mentiras. Hoy renovaré mi vestuario, me vestiré
de sonrisas, me calzaré ilusiones, me engalanaré de nuevas esperanzas
y saldré a ocupar las calles, saludando a mis vecinos, devolviendo
alegres miradas a ese viejos taciturnos que sentados en un banco del
parque ven transcurrir la vida con ojos de escepticismo, jugaré con los
niños que alegres corretean por las calles. Hoy observaré la vida que
transcurre en la ciudad, compadeceré a los apresurados empleados que
corren hacia sus trabajos como si acudieran a un cita con la mujer
amada, hablaré con los mendigos, con el ciego que vende cupones, con el
pescador aburrido que pasa las horas de la soledad con la compañía de
una caña, con el camarero del bar que tanto entiende de fútbol, por el
vendedor de prensa que siempre me mira como si fuera un alienígena y
con el sumiso portero de mi casa. Hoy seré vida que reivindica alegrías,
seré latido que cruje expectativas, seré hombre corriente, observaré
en la multitud buscando miradas, tararearé canciones alegres mientras
me ducho, pasearé por mi playa llevando en las manos un libro, unas
cuartillas blancas y la pluma para escribirle al mundo que hoy amaneció
un día muy frío y muy claro, donde no hay brumas, donde no llueve,
donde las gaviotas me cantan y los niños me sonríen. Ayer se cayeron las vendas que
velaban mi mirada, vi el rostro de mis pesadillas, percibí los suspiros
de la verdad que encerrada entre los barrotes de la hipocresía clamaba
libertad, fui en su ayuda y juntos derribamos los muros donde la tenían
enclaustrada, hoy la verdad me acompaña asida de la mano, juntos
haremos la limpieza de la casa, quitaremos el polvo de las paredes
ajadas, limpiaremos los suelos manchados de anteriores pisadas, podremos
un felpudo a la entrada y abriremos de par en par la ventana para que
entre este aire limpio de primavera, que inunde de luz los cuartos
oscuros, que limpie mi casa de fantasmas. Regaremos las plantas con agua
clara, esos geranios marchitos por el invierno que mustios me miran con
mala cara y saludaré, como antaño hacia, a ese ciprés señorial que
orna el centro del parque que veo desde mi casa. Me apoyaré de nuevo en
la baranda de mi balcón a fumarme el primer cigarrillo de la mañana,
para saludar al nuevo día, a la vida que renace, a mis esperanzas. Hoy, en esta mañana fría y clara,
terminan mis insomnios y renace la vida cargada de esperanzas. Hoy nace un nuevo día, un día nuevo y yo me
despierto sin saber que decir, si dijera que no tengo palabras podrías
pensar que se secó la fuente de tu inspiración y no es cierto, su
caudal es abundante, son tantas las emociones que me invaden , que no
encuentro un cauce donde represarlas, una alforja donde atesorarlas para
irlas desgranando una a una y sirviéndotelas en una bandeja de suspiros. Hoy el sol desde lo alto me invita con guiños cómplices
a gozar de su compañía, es como una amante secreta, cálida y tierna,
que cada mañana entra en mi alcoba por la ventana, se acuesta a mi vera
y entre caricias me despierta. Es este sol un fiel compañero de mis paseos,
reverdece los jardines, floreándolos de colorido, ahuyenta los
nubarrones que antaño tiñeron de gris mis horizontes, destierra la
noche hundiéndola en los confines del occidente y viene a buscarme a la
hora que en los campanarios tañen de desganas las campanas de la
iglesia, me invita a acompañarlo recitándome maitines, danzando entre
los claroscuros que las cortinas dibujan en las paredes, y juntos,
asidos de la mano como dos niños que temerosos están descubriendo
el mundo nos lanzamos al vacío de las calles, entre sobras que caminan
muertas pareciendo que aún están vivas, entre silencios que no
suspiran y miradas que un día lejano perdieron el brillo de la alegría. Vamos resueltos entre calles, este sol de la mañana y
mis ilusiones despeinadas, no esperamos nada, vivimos el momento que
late en cada paso de nuestra caminata, observamos a las gaviotas de alas
engrasadas, escuchamos el canto de los jilgueros que ensalzan la alborada
y caminamos hacia la playa hoy engalanada de azules mares y arenas
pardas, hundirnos nuestros pies en la humedad de su orilla y percibimos
el frío despertar de la vida que renace de los silencios en esta
primavera que hoy nos anuncia su llegada. Perdóname ALMA MIA que no tenga palabras para
describir mi alegría, que el lenguaje de los hombres no contenga la
suficientes palabras para componer una balada con la que decirte que hoy
me siento nuevo, como este nuevo día, que despierto borracho de
evocaciones que traen a mi memoria aquellos días lejanos de otra
primavera en que desperté abrazado a tu cuerpo desnudo en una mañana
en la que el sol nos acompañaba dibujando sombras y claros entre
las paredes de aquel cuarto donde la tarde anterior desfloramos nuestro
primer encuentro. Y
transcurrieron las noches siguientes, sin insomnios, sin pesadillas, sin
sueños absurdos que despertaran mis miedos y mis ansiedades. Y
me acomodé en las monotonías de esta vida inapetente, el gallo despertándome
puntual cada mañana, el café en la taberna, sorbido entre silencios
mientras leo la prensa que cacarea los despojos de esta miserable vida
teñida de muertes inexplicables, salpicada de retaros de los mismos
payasos de siempre, con sus sonrisas de encargo, con sus muecas de
animas errantes, mis paseos en silencio observando el ir y venir de la
vida embadurnada de hastíos, el río manso
transitando hacia la muerta en la mar invicta, acogiendo en su
seno los tiernos poyuelos de las gaviotas, la playa desierta en estas últimas
mañanas del invierno que agoniza, los vinos engullidos entre
conversaciones banales con mis amigos, a la hora en punto la comida
apresurada, la sobremesa salpicada de ingeniosas ideas juveniles
mentadas en los labios de mis hijos, la siesta, la sacrosanta media hora
en que te sueño, la tarde plomiza deshojada entre llamadas, escritos y
charlas, y de nuevo la clausura del día tras el telón corrido de la
noche, mi encuentro con mi alma, mi desencuentro con las dudas y la
desesperanza. Un día más repleto de tu ausencia, un día menos tachado
en la existencia, y sigo, sigo en el sendero pedregoso sin pulir los
sillares de las columnas del templo. Las
úlceras de mis pies cansinos, los silentes recuerdos de aquel
encuentro, tus manos finas resbalando tímidas por mi espalda, tu mirada
inocente preñada de temores, tu cuerpo balanceándose en mi amparo, tus
deseos refrenados que clamaban mis besos. Aquella tarde ¿o era una mañana?
Ya ni lo recuerdo, hace tanto tiempo, tan largas se hicieron mis horas
en tu ausencia que a veces dudo que existieras, tu aroma se perdió
entre los huecos que llenan de vacíos mi cuerpo, tu sabor salino lamido
entre galopes de ensueño, que me queda de aquellos momentos – me
pregunto – y no hallo respuesta, porque te percibo tan lejos que
alcanzarte no puedo. Y
no es la distancia del tiempo, mi las leguas que nos separan, ni ese
lenguaje que a veces es insalvable aunque el mismo idioma hablemos, es
las distancias que marca esta farisaica sociedad en que acomodamos
nuestra pobre vida, esas seguridades que se reflejan en los espejismos
de la nada, la comodidad de la vida aburrida, de las normas repetidas
cada día, de los políticamente correcto, de tus hijos y los míos, de
la castración a la que nos sometemos, de las sonrisas borradas a
brochazos, de las historias nunca contadas, de la repetición mecánica
de nuestros actos; del miedo a ser libres, a vivir amando, a decir no
cuando pronunciamos un sí. Y
ahora que ya no hay insomnios ni pesadillas, ni sueños que me
despierten de madrugada sudando; ahora los añoro, porque con ellos me
sentía vivo y ahora percibo que me muero. Y pasan uno a uno los días, enterrando noches de
silencio, es un goteo inagotable que minuto tras minuto va deshojando
cada jornada, condenándome a vivir en silencios, alejado de ti, ALMA
MIA. Nacen los días
repletos de luminosos cielos, de bullicios callejeros, de sonrisas
ajenas que rebotan en mi rostro serio. Y huyo entre mis soledades
perdido, vagando errante por los senderos del silencio y callo un día
tras otro, esperando que amanezcan nuevas mañanas donde el sol sean los
candiles de tu mirada, la lluvia las lágrimas vertidas en un momento de
alegría y la noche esté por siempre desterrada. Quisiera asirme
con fuerza a tu mano, caminar al mismo paso, ver el mundo con la
misma mirada, reir y llorar a coro por las mismas extrañas
circunstancias y gozarnos mutuamente, entre hechizos de carne y sueños
de utopías. Hoy estreno una
nueva mañana y sueño con bellos despertares entre las sábanas de la
pasión compartidos contigo, trasmutada en una felina salvaje, que con
descaros me goces, palpando mis entrañas, besando mis interiores, rompiendo
viejas monotonías impuestas por años de aburrimientos, despertando tus
fantasías dormidas durante siglos por los hastíos de una vida de
prejuicios, verdades que te regalaron llenas de palabras vacías. Y ahora que muere
el gélido invierno y tímida renace la cálida primavera de
nuestra madurez, descubramos nuevos senderos, despojémonos de viejos
ropajes que nos tienen presos, bañémonos desnudos en la mar océana,
en un ritual mágico en que mueran los pasados y nazcamos de nuevo a
esta vida que juntos iniciamos. Hoy batallo con las legañas que apresan a mis párpados,
quisiera abrir mi mirada a los nuevos horizontes que la primavera me
regala. Hoy no tuve insomnios, ni pesadillas que me despertaran, hoy me
he mecido entre sueños reviviendo tu despedida. Los
almendros coloridos anuncian el regreso de la vida, la muerte de los
ayeres fríos, aquellos días brumosos y húmedos en los que caminaba
perdido, ahora el sol madrugador ilumina radiante el azul horizonte, me
invita a navegar entre las aguas tranquilas, a levar anclas, largar las
velas y surcar el mar sintiendo como la brisa ondea mis cabellos,
acunando mi nave entre las olas, invitándome a zarpar solitario en una
larga singladura. Sin embargo, en el
fondo de mis entrañas se agita la tormenta, sigue presente el gélido
invierno, esas soledades que arrugan mi mirada, la destiñen, mudando
mis azules por los grises tristes. Ansioso busco el calor de tu
compañía, tus cálidos silencios, el apareamiento de las neuronas que
construyen puentes uniendo las distancias, llenado los huecos de la
ausencia de no ver tus gestos, de no sentir en mi piel tus caricias ni
en mi boca tus besos. Quizás sólo
sea un deseo, el deseo de tenerte a mi lado por las noches en la cama,
de despertar a tu lado cada mañana y asirme a tu sonrisa llenándonos
de esperanzas. Pero tu no crees en los milagros y te escondes
porque tienes miedo a reconocer este amor que intuyes en lo más
profundo de tu alma. Ayer que la
zozobra te angustiaba, me cerraste tu ventana, yo como una estatua
inerte me quede petrificado, mirando al trasluz de los cristales como
tu sombra se agitaba. Déjame que te confiese que te comprendo, que no
es sólo tuya esa agitación que sientes, que también me ocurre a mí,
que yo también estoy confundido, que mis latidos también se aceleran
cuando te veo tan cerca, que mi piel se ruboriza cuando te acurrucas en
mi pecho y me muestras a la niña tierna que llevas escondida tras esa
pose de mujer seria. Quizás estas raras sensaciones sean los síntomas de esa fiebre que cantan en sus versos los poetas, quizás nos hayamos contagiado de ese mal caprichoso que despoja la cordura, que te infecta de delirios febriles y nos vuelve un poco niños. Y me pregunto si serán estos los primeros síntomas de ese estado de locura, tan común en las almas enamoradas.
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