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LIBRO
SEGUNDO
ESCARBANDO
ENTRE LOS HUECOS VACÍOS
DE MIS NEURONAS.
IN
MEMORIAM
Como
cada día
ahí
están, esperando,
bostezando
silencios
y
la mirada hundiéndose
en
la mar.
Puedo
leer
entre
los profundos pliegues
que
surcan sus rostros,
esculpidos,
día a día,
durante
toda una vida
por
el agua y el salitre,
esa
memoria perdida
entre
la espuma de las olas
y
el último horizonte.
Estos
viejos marineros
de
alas desplumadas
y
dormida ternura, sugieren
el
postrero suspiro
de
una existencia que se extingue.
Dejadme
que hurgue en vuestras miradas
que
cincele en mi memoria
los
acartonados gestos que revelan
la
verdad de una vida,
necesito
contagiarme
de
esa serenidad
con
la que se espera
que
llegue la cita
con
la muerte.
¡NO!
Hay
días que me faltan palabras,
el
diccionario se encoge,
enmudece
mi garganta
y
mis gestos -paralizados-
no
aciertan a mostrarlo que siento.
Componer
un bello discurso
para
decir lo que pienso
sería
tan inútil
como
leerle el Pentateuco
-con
sucintas explicaciones a pie de página-
a
una mariposa bajo el agua.
Por
ello, para no cansarte
ni
incomodarte con largas arengas,
retórica
y bla, bla, bla,
he
decidido ser muy breve,
y
contestar a tu requerimiento
con
un sencillo monosílabo:
¡No!
AYER
AGONIZABA
Ayer
agonizaba de desencanto
tiritaba
de frío por tu ausencia
y
la soledad helaba mi cordura,
hoy
la agonía se trasmuta en tortura
y
tiemblo
de
miedo al sospechar
que
te he perdido.
Y
me resisto a implorarte
que
vuelvas,
y
me revelo ante la obstinada realidad
de
saberte inquilino de mis neuronas
invasor
de mi existencia
y
con voz queda
pronuncio
tu nombre a cada momento
y
te pienso
y
te imagino
y
en silencio te repito,
llenando
los instantes del silencio
al
que me condenas,
con
un imperceptible:
te
quiero.
AMIGO
Si
lo soy o no lo soy,
no
soy yo quién para juzgarlo,
son
tus ojos quien lo afirman
al
pestañear de alegría
cuando
se recrean ante mi vista,
es
tu boca sonriente
tu
voz trémula
y
los acelerados latidos
que
palpitan al galope
cuando
mis manos
a
las tuyas se aferran,
cuando
te arropo
y
te sientes niña,
cuando
con un saludo
abro
tus ventanas
a
un nuevo día,
cuando
te beso en las mejillas
y
cuando a solas,
entre
susurros,
me
confiesas que me aprecias.
CALIDOSCOPIO
Espejo
de pétreos colores
en
danza,
en
cada giro
un
flamante rostro de estreno,
en
el fondo
siempre
lo mismo.
¿POR QUÉ?
¿Por
qué?
Por
qué este vacío,
esta
angustia que me acompaña
esta
tristeza que tiñe
de
grises el cielo,
esta
lluvia pertinaz
en
mi mirada,
estas
dudas que horadan
mis
entrañas,
este
sendero empedrado,
esta
noche perpetua
sin
alboradas,
este
mar inmenso
en
el que me ahogo
sin
encontrar la respuesta
¿Por
qué?
CAMINANTE I
Los
romeros son viajeros
cuyo
norte, conduce a Roma.
Los
peregrinos
son
los que hilvanan en etapas
el
sendero hacia Compostela.
Y
los palmeros,
buscadores
incansables
de
la Tierra Santa,
allá
donde Jesús caminó sobre las aguas.
Pero
yo me pregunto
qué
nombre tendrán que darme a mí,
que
camino sin rumbo
que
no hilvano senderos
ni
soy buscador incansable,
que
subo y bajo las pendientes,
que
vadeo ríos, navego mares
y
que vuelo entre las nubes
sin
saber hacia donde voy
ni
conocer, a ciencia cierta,
desde
dónde vengo.
Quizás
mi rumbo
lo
trace ese Arco Iris
que
en ocasiones se muestra
colorido
en los cielos,
que
presuroso se esconde
y
nos abandona
sin
referencias.
O
será mi faro
tu
mirada de pupilas trigueñas,
tus
manos callosas
de
trabajar la tierra
o
tu aroma natural
de
silvestres hierbas.
O,
acaso,
no
tendré destino
y
todo sea un mal sueño
una
vulgar pesadilla.
CAMINANTE
II
Nunca.
Peregrino
nunca mires atrás
aunque
desconozcas el camino,
si
te cansaras
siéntate
en la vereda,
si
la sed
secara
tus lágrimas
sáciala
en la fuente
de
las esperanzas,
si
los pies te llagas
refréscalos
en el agua del arroyo,
si
el sol te cegara
cobíjate
bajo el manto
frondoso
de la arboleda,
si
el sendero es pedregoso
si
el lodo te retrasa
si
la lluvia, el frío
o
la noche
te
doblegan,
no
te rindas.
Es
la condena del peregrino
andar
y andar
por
el camino.
SI
FUERA VERDAD QUE ME AMAS
Si
fuera verdad que me amas
y
si fuese cierto
que
no me engañas,
flaco
favor te hizo
tu
ambigüedad y tu silencio
y
quien jugó con tus palabras.
Qué
mejor escribano
que
el silente testigo
del
pliego salpicado de letras
-el
poema-
donde
proclamamos
instantes
efímeros de nuestra existencia
para
dejar constancia
de
aquello que amamos
en
ese momento.
Es
indeleble al paso de los días
las
huellas de nuestras pisadas,
signos,
iconos, jeroglíficos
juegos
alegóricos
que
narran nuestras andanzas
musitan
nuestras miserias
y
cantan nuestros lejanos regocijos.
Fue
tu amor, si es que lo hubo,
un
juego de niña malcriada,
una
recreación poética,
el
sueño de una noche clara,
hoy
es olvido
entre
tus vaguedades y tus delirios.
GOTEARAN
LOS SEGUNDOS
Gotearan
los segundos
uno
a uno,
hasta
contar los sesenta
que
forman un minuto,
dilatando
el tiempo interminable
de
una hora tras otra
hasta
completar un día y otro día
una
semana,
un
mes tras otro,
una
vida
gozándonos
juntos,
destierro
perpetuo
de
aquellas noches fracturadas
en
mil pedazos por la distancia,
los
innumerables vidrios
vertidos
de tus candiles,
serán
mudos testigos
de
la lánguida agonía
de
una vida de ausencia,
quebraré
cada sombra
entre
los claroscuros de la noche,
correremos
las cortinas
para
que la luz del nuevo día
inunde
cada rincón de tu estancia.
Tu
despertar será con un beso,
mi
sonrisa y una caricia,
y
sobre la colcha de la cama
amanecerán
cada mañana
en
una bandeja de plata
dos
gladiolos níveos,
una
taza de café, un vaso de agua
y
mi puntual “te quiero”
mujer
amada.
TÚ
NO ME CONOCES,
No.
Tú
no me conoces,
jamás
se ha posado mi sonrisa
en
la comisura de tus labios,
ni
en tus ojos
se
ha bañado mi mirada.
Tú
eres golondrina viajera
que
vuela en un cielo de certidumbres,
yo
sedentaria gaviota
que
anida entre las dudas,
arenal
solitario
que
no se baña en el flujo de tus olas,
piedra
vieja,
erosionada
día a día,
años
tras año, toda una vida,
por
los vientos y las lluvias.
Noche
negra sin luciérnagas
sin
luna ni estrellas.
Soy
bruma en la mar océana
que
no se alumbra
con
tus luceros
de
esmeralda.
NO
ME LLORES
No
me llores
ni
me evoques con nostalgia,
mi
cuerpo es ahora
carne
putrefacta.
Quédate
con mi sonrisa
recuérdame
en las alboradas,
en
la lluvia que refresca la mañana,
en
la mar enfurecida
y
en el viento
y
en la brisa.
Y
en las noches que se eternizan
entre
insomnios y pesadillas.
Yo
ya sólo soy ceniza, polvo,
carne
yerma
y
germen de nueva vida.
NO
TE CULPO
No
te culpo,
ni
me siento de tu dolor
culpable.
En
medio de una singladura
de
huidas y reencuentros
se
desdibujó ante nuestros ojos
el
horizonte.
Estalló
la tormenta
de
reproches,
los
aburridos bostezos,
las
ausencias premeditadas,
la
misma nana arrullando
el
insomnio cada noche.
Una
embarcación tan frágil
no
soportó tanto lastre
y
se hundió nuestra confianza.
Hoy
navegamos
al
socaire del viento
por
rumbos paralelos,
tú
en busca de una quimera,
yo
al encuentro de un sueño.
Marinos
solitarios
sin
destino,
perdidos
entre las brumas
de
las dudas
y
los lamentos de nuestros errores.
NO,
NO ERAS TÚ
No,
no
eras tú
sino
la sombra de tus miedos
y
el eco de tus silencios.
Se
alarga la noche interminable
mientras
te espero,
pinto
tu nombre en las paredes
a
un corazón encadenado,
te
sueño
y
evoco aquellos momentos
en
que entre mis manos
mecí
tu cuerpo,
pero
ya no estás tú,
me
hurtaron tus palabras
y
tus gestos,
en
tus batallas
ganaron
las neuronas
se
rindieron los deseos
y
en el campo desolado
sembrados
de muertos
arrecia
el viento
anunciando
el fin de la contienda
en
comienzo del exilio,
la
derrota de mi alma,
el
veredicto inapelable
con
el que me condenas
al
olvido
y
a la muerte.
OTRA
MENTIRA
Cayó
la noche con su larga sombra
apagáronse
las luces de los candiles
y
emergieron del fondo oscuro
los
fantasmas encubiertos
entre
palabras vacías.
El
eco me trajo recuerdos
de
otras noches
de
otros apagones
de
otras letanías de palabras
rezadas
en otros templos,
Y
la luz se hizo día
espejo
nítido
donde
ver reflejados
otros
gestos medidos
otras
verdades regaladas
otros
escenarios
donde
se reponía
la
misma opereta
con
distinto protagonistas.
PÉTALOS
DE MIEL
Ya
no es mi espejo tus pupilas
arrugadas.
¡Cuanta
tristeza!
acumulada
en tan pequeñas esferas,
mudo
testigo
de
sollozos contenidos,
de
soledades de desencanto,
de
miedos al fracaso.
Y
pensar –ahora que el tiempo ha pasado-
Que
en esos cuencos quise saciar mi sed.
Que
en esos ojos quise reflejar mi mirada.
Sólo
encontré el gélido vacío de la huida,
el
amor reprimido por el miedo,
la
muerte en vida,
Deja
que sigan fluyendo las lágrimas
hasta
ahogarte en ese océano de temores,
¡Huye!
Huye
lejos,
lejos
de tu alma,
no
vaya a ocurrir
que
un día despiertes
en
medio de la nada.
CELOS
¡Qué
extraña sensación!
Un
rubor intenso,
se
aceleran indomables
los
latidos
y
el sudor se precipita
pastoso
por
la piel
de
mi cuerpo.
Acecho
en el silencio
furtivo
y
descarado,
me
estremezco
y
finjo que no siento.
¿A
qué tengo miedo?
Ella
dice amarme
y
yo me muero
por
sus besos.
Ella
me esconde
entre
silencios
como
su más bello secreto,
a
hurtadillas
entre
las sombras fantasmales de la noche
se
producen nuestros encuentros.
Quizás
sea este oculto vivir
encubriendo
pasiones
quien
provoca los estornudos
de
mi desconcierto.
¿Será
esta sensación desconocida
a
lo que llaman celos?
VESTÍA
EL OTOÑO SUS ÚLTIMAS LUCES
Vestía
el otoño sus últimas luces
cuando
tropecé con tu mirada,
ibas
vestida de roja pasión
y
yo de luto negro.
Hoy
estrena destellos de luz
la
primavera que se avecina
y
sin embargo,
se
tiñen de grises tus ojos
y
de lluvias mi mirada.
Ansiosos
por desnudar nuestros cuerpos,
no
tuvimos tiempo
de
desnudar nuestras almas,
y
ahora,
que
el silencio nos cubre
de
nostalgias
evoco
tus palabras,
aquellas
que se enmudecieron
en
un escenario de batallas
y
te espero,
espero
un nuevo milagro,
un
rayo justiciero
caído
del cielo
que
te arranque las mordazas
esas
cadenas
que
enclaustra tu voz
en
el destierro.
CAÍDA
Cayeron
las murallas de Jericó
bajo
el embrujo de las trompetas;
cayó
el imperio de los imperios,
-la
Roma augusta-
cayeron
las losas de las pirámides
tras
siglos de lluvia y viento,
cayó
la más culta entre las cultas,
-la
ciudad de Alejandría-
Caen
lágrimas de los cielos
humedeciendo
de lamentos las avenidas
y
las hojas de los árboles
con
el mugir del otoño caen
para
tapizar de ocres el paseo;
cae
el hombre que distraído
tropieza
con la piedra caída en el camino,
caen
los años deshojando calendarios,
las
lunas de plenilunio,
los
soles del estío,
y
también caerás tú, dama altanera,
caerás
como caen los mitos,
arrastrada
por tu orgullo.
BREVIARIO
I
Destiérralo
de ese desván oscuro
de
tu memoria.
Deja
que le fuego se apague
que
la lluvia lo arrastre
y
el viento esparza sus cenizas.
II
Ni
todo te doy
ni
nada te niego.
Sólo
amor
es
lo que tengo
y
amor te ofrezco.
III
Dejad
que las gaviotas
pronuncien
su nombre,
dejadlas
volar
que
la vida son recuerdos
de
días pasados
que
no volverán.
IV
No,
no lo creo,
no
hay olvido
si
el amor fue verdadero,
sólo
hay recuerdos,
tristes
memorias
de
un ayer efímero.
V
Viva
sí,
pero
perdida
entre
las brumas
del
olvido,
en
silencio
te
he buscado
sin
hallar tu paradero
y
hoy, resucitas
entre
palabras
para
decirme
que
aún no has muerto.
VI
Fuente
de agua clara
fuente
de palabras
que
se encadenan
en
versos para componer estrofas,
poemas
que se gritan
en
medio de la nada
juego
de sentimientos
que
se pierden en el cielo
negro
de la nostalgia.
VII
Nosotros
malditos
insomnes
que
soñamos despiertos,
que
mecemos la vida
entre
fantasías inalcanzables,
los
que aún no nos rendimos
dormidos
en la noche solitaria.
Que
creemos en la luz del nuevo día,
los
que lloramos, reímos o gritamos
entre
palabras
que
manan libres en nuestras entrañas
los
que no hurtamos
los
frutos de árboles ajenos
los
que bien o mal
decimos
lo que sentimos
aventándolo
al mundo
nuestra
desgracia.
VIII
El
hombre nada olvida,
todo
permanece anclado en su memoria,
son
cicatrices que nunca se apagan,
fantasmas
con los que vivimos,
nuestra
historia.
Pero
el hombre es constructor
de
nuevos templos,
adalid
de nuevos sueños,
explorador
de nuevas tierras,
navegante
sin rumbo.
IX
Los
malditos
nunca
cambian.
Necesitan
alimentarse
con
hiel amarga,
saciar
su sed
en
la fuente de las miserias
sestear
en tus sumideros
y
amanecer
cada
nuevo día
entre
el humus
de
sus amarguras.
X
Sigue
mirándolo
con
ojos de gaviota
y
alas de cóndor,
sigue
postrando tus ojos
a
su mirada,
tus
ilusiones
a
su esperanza
y
no cejes en el empeño,
pues
por lo que se lucha
bien
merece
ser
recompensada.
XI
Y
si no me miras
¿Cómo
se reflejarán
en
tus ojos mi mirada?
¿Dónde
encontraré le espejo
que
al mirarlo responda:
"Son
tus ojos mi señuelo."
Como
amar un cuerpo ciego
hurtado
de sonrisas,
carente
de besos.
Si
tus alas están desplumas
cómo
podré anidar en tu lecho
y
juntos volar
en
un cielo de ensueños.
Mírame
a los ojos
como
preludio del abrazo
que
una nuestros cuerpos.
XII
No
te miro
te
admiro,
porque
mi mirada
se
pierde
entre
los pliegues de tus ojos,
titilan
mis pupilas
cuando
alcanzan a ver
el
brillo de tu vista
y
ciego
y
ebrio
y
enloquecido
lucho
contra mis párpados
por
mantenerlos despiertos
y
no puedo
y
lo deseo,
acepto
el desafío
de
mantener fija mi mirada
en
reto fratricida
contra
esos ojos
que
eyaculan
encantos
de mujer.
XIII
El
amor es cosa de dos,
no
te engañes,
si
no me quieres
no
trates de desplumar mis alas,
que
yo nací gaviota
y
volar es mi destino.
Si
mis aleteos perturban
tu
sosiego,
si
mis gemidos no son
suficiente
reclamo,
mañana
al levantarnos
digámonos
hasta
luego.
XIV
Cegaré
mis ojos
apagando
la luz
del
candil de mi mirada,
no
quiero ser esclavo
de
tu hechizo,
ni
ser siervo de tus caprichos
quiero
gozarte libre
y
desnudo,
a
pecho descubierto
como
el guerrero
en
la batalla
XV
La
mar,
mi
mar, tu mar,
la
cuna donde se mecen nuestros sueños,
el
tálamo donde vivimos nuestros amores,
el
ataúd donde descansaran nuestras almas,
sendero
empedrado
altibajos
que llenan
y
vacían
nuestros
horizontes,
mar
salada,
de
aguas cristalinas
en
ti renazco,
en
ti vivo
y
en ti espero, algún día,
alcanzar
el éxtasis
de
la muerte.
XVI
¡No!
No
quiero que la distancia
sea
una barrea
que
ciegue mi mirada.
Quiero
tenerte cerca
al
alcance de mis pupilas,
que
tu aliento
refresque
mi presente
y
en la distancia eterna
se
pierdan para siempre
aquellos
malditos recuerdos.
XVII
Bendita
tú
que
despiertas los demonios
que
pacen en mis infiernos,
que
me das de beber la hiel
de
unos versos verdaderos,
me
muestras el espejo
donde
se reflejan
las
miserias,
y
cantas réquiems
a
los poetas
que
vomitan odio
que
carcomen la fe
bendita
tú
y
tus versos.
Textos de: José
Ramón Varela Jrvarela@corme.net
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07.O2.04
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