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LENGUAJE FOTOGRÁFICO ORIGINALIDAD - TÉCNICOS - ARTÍSTICOS Y EMOTIVOS
Quizás por mi inclinación a la literatura, por esa afición que me
acompaña desde niño a manifestar mis sentimientos a través de las
letras, ahora que comienzo a intentar descubrir el enigmático lenguaje
fotográfico, tiendo —de un modo que no sé si es consciente o
inconsciente— a relacionar las técnicas de expresión fotográfica con las
técnicas de expresión literaria. A fin de cuentas, todas las artes
tienden a un único fin: mostrar con singularidad y belleza, a través de
las distintas tradiciones y recursos con los que cuenta, detalles y
vivencias extraídas de este vasto el universo en que vivimos.
HAY CUATRO FACTORES A TENER EN CUENTA A LA HORA DE CAPTAR UNA FOTOGRAFIA: ORIGINALIDAD - TÉCNICOS - ARTÍSTICOS Y EMOTIVOS Antes de disparar debemos tener en cuenta qué y de qué forma queremos presentar el tema. Ponderar que debemos mostrar y qué no; desde qué punto de vista, en qué lugar ubicamos el tema central y si aquello que enfocamos muestra la imagen que habíamos ideado antes de disparar. Usando el símil literario expresémonos con un texto lineal, redondo o in media rex. CENTRO DE INTERÉS: Si en cualquier relato la trama, o centro de interés, debe recorrer un camino —a veces largo y sinuoso, como en la novela, desde la introducción pasando por el nudo llegar al desenlace—. En la fotografía que se asemeja a un cuento hiper-breve, una sola toma, que paraliza un instante preciso en un vano intento de eternizarlo, debe existir y mostrar clara en la imagen el “cogollo” de la trama, siguiendo un desarrollo que ubique éste en un lugar prominente, pero que no tiene por qué concordar este centro de interés con el “centro” de la imagen, ya que puede perder dinamismo. ENFOQUE: Toda obra literaria, igual que toda obra fotográfica, debe tener un enfoque nítido, saber antes de escribir o apretar el obturador que la imagen que deseamos trasmitir debe presentarse clara y sugerente a los ojos del lector de la fotografía e igual que en la narrativa, hay que insinuar más que mostrar, huyendo de lo superfluo y de las explicaciones innecesarias. Una buena toma de la foto —y más si es minimalista, plasmada con “macro”— debería darnos la sensación de poder “palparse”, como si estuviéramos tocando con las yemas de nuestros dedos, todos los elementos que la componen, percibiendo la textura de cada uno de ellos.
CONTROL DE LA TOMA: Se dice que en
un cuento todo lo superfluo sobra, que cada elemento que aparece en el
cuento debe estar justificado. En fotografía pasa algo similar, la
exposición de la imagen debe evitar todo elemento negativo y superfluo:
pretiles, farolas, grúas… Debe destacar siempre el centro de interés sin
que se vea empañado por elementos inútiles que nada aportan a la imagen. EQUILIBRIO: Como en un relato que describe un personaje o un espacio con solo aquellos detalles que puedan tener importancia para despertar en la mente del lector la imagen que el escritor quiere trasmitirnos —desechando explicaciones y datos vacuos que no aporten información necesaria—, en fotográfica la imagen también debe estar compensada, de tal modo que si el protagonismo se encuentra ubicado en un lado de la imagen, el resultado final debe ser la suma de todos los elementos que rellenan el espacio de la foto. BALANCE DE BLANCOS: El blanco es el enemigo
de la fotografía, su abuso como el abuso de adjetivos superfluos en la
literatura puede quemarnos una imagen. COMPOSICIÓN: Si la poesía se construye
a través de versos y estrofas y los relatos, de frases, párrafos,
secuencias y capítulos, la fotografía se construye a través de lo que ha
dado en llamar “Regla de los tercios” que no es más que la división de
la superficie total de la foto en tercios trazando dos líneas
imaginarias horizontales y otras dos verticales. Nueve espacios
rectangulares que conforman cuatro puntos convergentes entre las
supuestas líneas imaginarias que marcan esos tercios y es ahí en esos
puntos imaginarios precisamente, donde debe ubicarse el centro de
interés de la toma y donde debe paralizarse la marcha de los objetos o
personas en movimiento, captando siempre el sentido de su dirección
desde el fondo hacia delante, dejando el margen con mayor espacio al
camino que resta por recorrer a esas personas. COLOR: Los escritores utilizan diferentes
narradores para presentarnos las tramas que nos cuentan, unos con mayor
verosimilitud o credibilidad, más directos; otros —los muy
omniscientes—, ya casi en desuso, nos aportan una abundancia de datos
que puede malograr la imagen que en todo lector debe suscitar el texto.
En la fotografía ese papel lo asumen los colores, así el rojo es el REY
de los tonos crematísticos fotográficos. No obstante aquí habría que
recordar con modestia el dicho popular: “para gustos están los colores”.
La belleza, entiendo, se encuentra en el equilibrio de tonalidades, en
esa difícil armonía de la combinación de colores. LUZ: Si en la ambientación del espacio
literario se afirma que hay castillos que piden un fantasma, callejones
oscuros y solitarios que reclaman un crimen, en al fotografía esa
ambientación de luces y sombras también nos ayuda a crear un ambiente
fotográfico. Como todo relato una imagen debe motivarnos, en primer lugar debe trasmitirnos INTERÉS, debemos lograr que el lector entienda nuestro propósito, aquello que deseamos trasmitir y siempre en una buena foto, además de belleza debemos EMOCIONAR al lector para que fije, durante un tiempo su mirada en nuestra imagen.; relea, como en literatura, la metafóra para saborearla e interiorizarla. IR A: Actualizada el 28.04.12 |
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