Bullen en mi mente cientos de palabras
que no encuentran la salida
del presidio donde habitan
enclaustradas,
son gritos, blasfemias,
trozos de poemas rotos.
Son canciones enmudecidas
por largos meses de silencio,
son alaridos que nacen
en las entrañas de mi soledad,
jirones de mi existencia
derrochados en una borrachera
de egoísmos.
Es la mano extendida del amigo aturdido,
la lágrima seca de la estatua mortecina,
la piel de momia quebrada
por falta de cariño,
los ojos velados por bellezas efímeras,
el sabor embrutecido
con la agridulce
evocación de la amistad perdida.
La blasfemia de la impotencia
de no poder enderezar las curvas
del circulo en el que estoy metido.
Ven amiga...
acepta mi mano tendida
y muéstrame el camino
que yo no lo encuentro
preso de mi hechizo.
Clama tu voz ronca
en el desierto de tus sentimientos
temes al encuentro
con el hombre, con el deseo.
Te agitas en tu silente infierno
intuyendo
que más allá de estrecho horizonte
hasta donde llegan estos versos
te espera mi mirada clara
de azules cielos
mis manos ansiosas
de deslizarse por tu cuerpo
y mi boca reseca
para humedecerla con tus besos.
No temas al amor
abrígate en mi pecho
la noche es vieja
y al tañir la campanas
amanecerá una nueva alba
plena de luz y esperanzas.
Presiento
que está locura que anida en mis entrañas
es la misma a la que tu cantas,
ese gélido frío que de miedos te embriaga,
la máscara tras la que escondes tu cara
y ese dolor que te maltrata,
son viejos compañeros de mi alma.
¿Conoces la mar?
Esa mar que dormita calma,
que a veces ruge, brama
si se enfurece y mata.
Esa mar que acuna mis esperanzas
es la misma que percibo en tus miradas.
Somos dos errantes almas
peregrinos hacia la nada,
ánimas de purgatorio solitarias
perdidas en la noche larga.
Somos... ¿Cómo decírtelo de forma clara?
Dos almas gemelas, que se aman
¿Será tu locura
esta locura mía
que presiento
en mi alma?
Aún recuerdo aquel primer día, te vi tan naufragada, envuelta en el velo negro, descalza.
Quizás era la bruma o la humedad que nos calaba, quizás tu temor al verte enamorada. Te tendí mi mano mientras los cielos se cegaban, caminaste a mi lado entre la espesura del bosque. Por primera vez percibiste bajo tus pies la mullida alfombra de las hojas secas. ¿Recuerdas como te asombraba
oír cercano el canto de los mochuelos? y cómo te embriagaba el aroma profundo de la hierba
húmeda, la noche cubriendo nuestro paseo, la luna menguante despidiéndose y al fondo, la luces de la ciudad que se refleja en la aguas mansas de la playa.
Aterida de frío y miedo, nos acurrucamos, yaciendo sobre una cama de helechos, tu cabeza descansando en mi pecho, la luna
enviándonos sortilegios, y las yemas de mis manos resbalando sobre tus cabellos.
No sé como fue, aquel encuentro de mis labios en tu lengua, de tus senos en mi pecho, de tu cuerpo en mi cuerpo. No se como comenzó ese hechizo, qué
pócima libé de tu boca que no puedo olvidarte, que vivo a cada instante con el recuerdo de aquel momento.
Tu desvelada, yo desnudo, tu gemías mientras yo te susurraba, tu
languidecías en el preciso momento que yo me excitaba y juntos atravesamos aquella muralla que nos separaba.
Y amaneció una nueva mañana, borracha de luz, preñada de vida, los estorninos con su canto la anunciaban, desandamos en camino para dirigirnos a la playa,
allí limpiamos nuestras legañas, nos bañamos entre aquellas mansas aguas, y de nuevo, me deleitaste con tu picara mirada, tus brazos rodeando mi espalda y tus muslos mi cintura desbocada. Nos amamos entre
húmedas aguas del mar cálido que emanaba de tus entrañas, ebrio de sorber tus humedades, sembraste en mi tu locura y hoy en la distancia que me marca tu silencio,
confundido con el rugir de mis entrañas, me pregunto si tus Dolores son parte de esta locura que me embarga.
Dime
¿Será tu locura
esta locura mía
que presiento
en mi alma?