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JOSÉ
LUIS SANZ MORATA
Profesor de
Historia Económica Mundial
en la Universidad
de Deusto
San Sebastián -
España



ARGENTINA:
Recientemente, por motivo de la crisis económica de "Aerolineas Argentinas" se han alzado
demasiadas voces culpando a los "gallegos" del desastre de la economía
argentina. Tanto sus mediocres políticos, como los medios de comunicación, los gremios
sindicales y la
generalidad de la opinión pública tienden con demasiada frecuencia, en
Argentina, a culpabilizar a los "otros" a los foráneos, de todos sus males.
Tomando como excusa este exagerado conflicto de la quebrada compañía de aviación, hagamos una
breve incursión por la historia económica de Argentina.
Manifiesta Colin Clark que en el universo económico actual existen cuatro tipos de
países en el mundo: Los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y Argentina.
La singularidad de Japón es lo inexplicable de que, siendo un país
isleño, superpoblado
y sin recursos naturales, haya alcanzado tan alto grado de desarrollo,
algo teóricamente casi imposible. Por contra, Argentina es el caso opuesto, que siendo un
país extenso, rico en recursos naturales y no excesivamente poblado, haya descendido a cotas tan
ínfimas e impensables de desarrollo económico.
Cuando en la ciudad de Tucumán, el 9 de julio de 1816 Argentina proclamó su independencia, tras una descolonización incruenta del Imperio Español,
nació un nuevo y rico país, de una extensión enorme, más de 5 veces
la de España, con
recursos naturales primarios excepcionales a nivel mundial, con una población que no
alcazaba el millón de personas, la mayoría de ellas criollas, descendientes de
españoles y sin conflictos internos.
Desde finales del siglo XIX hasta la segunda década del siglo XX millones de europeos, mayoritariamente, españoles e italianos, emigraron masivamente a tan opulento
país, iban en busca de el Dorado. Con su esfuerzo y trabajo, se logró que Argentina fuera en 1930 el séptimo país mundial en
"Renta Per Capita", varias veces
superior a España o Italia e incluso, a países históricamente ricos
como Alemania o Francia.
Tras la II Guerra Mundial con una Europa devastada por el
conflicto bélico, más de 40 millones de muertos y gran parte de sus
infraestructuras dañadas o destruidas, la posición de Argentina en términos
relativos de riqueza, era más que envidiable.
¿Qué es lo que ha ocurrido para que 30 años después se encuentre en una situación deplorable?
Imaginemos que nos visitara un extraterrestre, un alienígena que supiera algo de
la economía de este planeta. Al conocer la evolución de Argentina pensaría que este país ha sido objeto de masivas
invasiones exteriores que la saquearan de sus riquezas, de conflictos intestinos desgarradores
que sembraran muerte y destrucción por doquier o hecatombes naturales reiteradas y
apocalípticas que asolaran el país, pero no, Argentina ha gozado, salvo algún conflicto menor, de una situación
pacífica sin invasiones extranjeras ni guerras civiles ni mucho menos catástrofes
naturales de magnitudes desoladoras.
Son los propios argentinos quienes crearon, engendraron y protegieron
ese monstruo que se llama peronismo. Una mentalidad y una politica basada en la autarquía,
un caudillismo antiliberal y nacionalismo económico al margen del mercado
internacional; el desprecio por la cultura del
trabajo eficiente y el apego por la cultura de la subvención fácil; estatismo, gremialismo sindical.
Un
populismo político tecermundista endémico en un país rico, enormemente rico en recursos energéticos, agrícolas, ganaderos o mineros y lo que es aún más importante,
rico en capital humano altamente cualificado con
una tasa de universitarios superior a la media europea.
En definitiva, son causas endógenas las que han avocado a la Argentina a la postración en la que se
encuentra actualmente; situación agravada por el
hecho de que los propios argentinos mantienen fuera de la república saldos en dólares equivalentes a su deuda externa, poniendo
claramente de manifiesto una pérdida total de la autoestima nacional.
Sirva como anécdota que nos pueda ilustrar esa dejación del trabajo en
la mentalidad y la educación de los argentinos actuales, el hecho de que en la últimas décadas la emigración rumana al campo argentino con el sano y claro objetivo de rentabilizar las tierras que les donaron,
han logrado que hoy 180.000 rumano/argentinos producan el 30% de la renta agraria del país.
Con demasiada frecuencia por parte de la "inteligencia" política argentina y lo que queda de la clase media, que por cierto, de sus filas surgieron los movimientos terroristas y las dictaduras militares, culpabilizan de esta situación a factores
exógenos, como son la globalización económica, las inversiones extrajeras depredadoras o neocolonialismo norteamericano o
"gallego" o sea, español.
Ningún economista serio hoy en día, ni siquiera, el reciente premio nobel Amartya Sen, quizás el máximo
exponente de la izquierda económica académica, aceptaría esta diagnosis de un país de las condiciones
privilegiadas de Argentina; llamado en todo caso, a todo lo contrario; ser colonizador de otras economías más débiles y claro beneficiario por sus inmensas posibilidades exportadoras en el proceso de mundialización económica que surgió tras la Segundas guerra Mundial y que
ha ayudado a salir del atolladero a
muchos países europeos que no tenían ni una décima parte de las posibilidades de Argentina.
Harían bien los argentinos, en lugar de buscar fuera, en los
"otros" las causas de su ineficacia, mirarse su propio ombligo, elijan políticos menos corruptos, rompan de una vez con el
argentinísimo peronismo y póngase a trabajar con seriedad, sin esperar que papá Estado o papá Fondo Monetario Internacional les solucione sus problemas.
Democracia política, economía de mercado y ruptura con la cultura de la
especulación, las subvenciones, el gremialismo y la picaresca son la
solución. No existe otra receta.
Lean más a Borges y Cortázar y
menos a pensadores "progres" del 68 con el reloj atrasado o románticos
revolucionarios más propios de otras latitudes más pobres, incultas y primitivas.

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