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Lo
primero que constata un extranjero al conversar con un tico, es su
justificado orgullo por el logro histórico que supuso para su país la
abolición del ejercito y los dos grandes beneficios sociales que acompañaron
a esta medida; la enseñanza gratuita y la sanidad pública. Olvidan
otros aspectos que nos ilustran sobre el alto grado de civilización y
conciencia social de Costa Rica, que la convirtieron en un paradigma
para toda la comunidad hispanohablante, como fue, ser precursores en la
abolición de la pena de muerte, el derecho al sufragio de la mujer o
que su capital fuera una de las primeras del mundo en iluminarse con luz
eléctrica.
Muy al contrario, para un extranjero que admira en profundidad a
Costa Rica, lo primero que constata al observarla atentamente, es cómo
se está difuminando ante la pasividad de unos pocos y la indiferencia
de la gran mayoría, esa imagen paradigmática de Costa Rica. Tiquicia
pudo ser y quizás aún no sea tarde, el líder indiscutible de la
comunidad latinoamericana, ese espejo donde desearan mirarse todos los
pueblos latinos. Sin embargo, hoy Costa Rica, ajeno a esa realidad, está
perdiendo su identidad y desgraciadamente, parece que se está
deslizando por un tobogán que le llevará a perder el papel histórico
de liderazgo y condenarse por su propia voluntad a ser un país más entre
sus vecinos, un nuevo satélite sin personalidad propia que mimetiza
las modas gringas ajenas a su cultura e idiosincrasia.
Costa Rica está sumida en una contradicción entre dos valores
opuestos que pugnan entre sí; la economía y la ecología, sin lograr
encontrar la posible simbiosis de ambas, que le permitan armonizar un
desarrollo sostenible, que propicie una redistribución más justa de la
riqueza nacional. Su solapada entrega al extranjero de su más preciado
tesoro: la tierra tica y este mimetismo inmaduro para copiar el falso
espejismo que le llega del imperio del norte, está provocando la
desertización humana de la mayor parte de su territorio, concentrando
en unas pocas poblaciones del valle central el 65% de su población en
lo que no muy tarde será una gran metrópoli. Una gran ciudad
desvertebrada, con una mínima clase pudiente nacional dotada de una
gran influencia, una reducida clase media sin identidad y una gran mayoría
de clase humilde marginada que tendrá que soportar las grandes lacras
sociales, con grandes focos de pobreza en los barrios periféricos,
sumidos en un gran desempleo, rupturas familiares, inseguridad, drogas y
prostitución; aislando cada vez más a las poblaciones rurales de
provincias, privándoles de comunicaciones, industrias y desarrollo,
retroalimentando nuevas huidas del campo con destina al centro y
agravando cada vez más la situación de caos insoportable que ya sufre
San José en el tráfico, el urbanismo y todo el conjunto la vida
cotidiana y social en general, engendrando una ética hipócrita del
todo vale con tal de que les vaya bien a unos pocos, lo que ya es
perceptible en cuanto a generación de
un mercado soterrado de tráfico influencias, amiguismo, un
funcionario mal pagado y la omnipresencia de la corrupción.
Es curioso que la vocación de los ticos a recordar su historia,
obvie hechos como son, que Costa Rica se enriqueció con el libre
comercio del café hacia Europa propiciado por los propios ticos y
declinó con sus vergonzosas cesiones a las grandes compañías frutícolas
gringas que con explotaciones deshumanizadas empobrecieron la tierra y
sus gentes. Hoy
que en Europa se invierten miles de millones de euros en la construcción
de nuevos y más veloces ferrocarriles, aquí se clausuran. Hoy que
Europa gasta enormes cantidades de dinero público en subvencionar la
agricultura para mantener la sociedad tradicional disemina en numerosos
núcleos de población, aquí se cede el terreno a empresas extrajeras y se
fomenta la huida de los habitantes del campo con la falsa esperanza de
una mejor vida en la ciudad. Hoy que el mundo moderno lucha contra el
monopolio, aquí se niega la libre competencia propiciando el atraso en
campos básicos de la economía como son las telecomunicaciones,
ofreciendo a los usuarios unas comunicaciones malas y además caras; la
electricidad, con apagones continuos que llegan a dejar paralizado el país
entero sin explicación lógica alguna; la banca, que provoca filas
interminables en sus ventanillas ofreciendo un trato despótico a sus
clientes e intereses de usura o las deficientes infraestructuras de
carreteras con su rosario de accidentes y muertes.
La más simple observación nos enseña que Costa Rica posee una
gran riqueza en sus condiciones climáticas, su variedad de ecosistemas
y su riqueza biológica, que hacen de este país un lugar singular en el
mundo, apto para desarrollar una agricultura competitiva que, respetando
el entorno ambiental, pueda convivir con el turismo más selectivo del
mundo, sin competencia alguna de otros países y que genere una riqueza
sin parangón. Sin embargo, sus dirigentes están propiciando un turismo
playero, cuando no sexual, aislando a los turistas en el gheto de los
hoteles de lujo de capital extranjero. Un turismo de playa que no es
competitivo en el mercado europeo, ya que es similar al que abunda en el
sur de Europa o en otros países del entorno caribeño más baratos y
con similares o mejores servicios.
Hace escasos días,
charlando con un profesor universitario tico, se lamentaba del espejismo
que supone que Costa Rica se enorgullezca de haber logrado la más alta
tasa de alfabetización de su población y sin embargo, se ignore la
constatable incultura que padecen la mayoría de sus universitarios, la
poca afición a la lectura y su desconocimiento de las humanidades. Es
constatable, me comentaba, el abandono en la mentalidad de sus jóvenes
generaciones universitarias de valores culturales, filosóficos, éticos
o religiosos, trocándolos por un individualismo despiadado e
insolidario, basado en la ilusión del enriquecimiento rápido. Ha
llegado la hora de que los intelectuales comprometidos con su pueblo,
religiosos, políticos honestos y empresarios con visión de futuro,
reivindiquen los orígenes europeos de la cultura tica, recuerden a las
nuevas generaciones de cómo se gestó a través del humanismo y el
comercio internacional entre iguales la riqueza y el desarrollo de Costa
Rica y se rebelen contra el colonialismo encubierto que desde el norte
de las Américas les empuja hacia una sociedad deshumanizada, cuyo Dios
omnipresente, el dólar, les está abocando a una sociedad de
desigualdad, insolidaria, en que el mercadeo sin escrúpulos de unos
pocos, condena a la miseria de una mayoría, que se trasluce en los
problemas que ya emergen de pérdida de poder adquisitivo, la inmigración
ilegal, la violencia, la desintegración de la familia, la
competitividad inhumana, el alcoholismo y la pobreza de una mayoría de
los costarricenses. Y
sobre todo,
lo más preocupante es la acelerada desvertebración que esta sufriendo
la institución de familia. En el último año el 50% de los niños nacidos
en el país, no tenían padre reconocido, este dato escalofriante, tendrá,
estén seguros de ello, consecuencias insospechadas en el futuro próximo.
En poco tiempo, las familias monoparentales superarán a las familias
tradicionales, creando un ejercito de niños con carencias afectivas que
marcarán indeleblemente su actuación de adultos. En
mis vivitas a los barrios periféricos, he constatado en demasiadas
entrevistas, como la mujer es el sostén económico, educativo y doméstico
de la familia, manteniendo a un hombre que la maltrata o se ausenta del
hogar desentendiéndose de toda la problemática familiar. Hay
otras carencias que así mismo llaman la atención. El alto porcentaje
de alcoholismo que padece la población, la inmigración ilegal que
genera delincuencia y marginación, la falta de higiene en mucho
establecimientos de alimentación, la suciedad y contaminación de los
arroyos y ríos que discurren cerca de las ciudades. Carencias
que contrastan con lo logros alcanzados en épocas pasadas y que aún
son visibles alrededor de las escuelas, con sus niños uniformados y
escolarizados, con la educación de los paisanos, abiertos y atentos,
con la prohibición de la caza, con el esfuerzo por mantener virgen
grandes extensiones de su territorio salvaguardando una de las floras y
faunas mas ricas de La Tierra.
Yo, un extranjero de visita en mi enamorada Cosa Rica, me
pregunto ¿Qué ha sido de aquél San José? Aquella ciudad cosmopolita,
señorial y culta que se enorgullecía de su Teatro Nacional, sus
elegantes mansiones, sus cafés y hoteles de marcado carácter tico. Hoy
en su lugar crecen invasores Mac Donals, Burges, Hut y buses amarillos
de segunda mano con la leyenda School.
Me pregunto ¿Qué ha sido de la lengua tica? Aquél acento
variopinto que marcaba inconfundiblemente a los ticos en el resto del
mundo hispanohablante con sus giros y su peculiar pronunciación y que
hoy se troca por raims, forets, lodges o malls. Ábranse al mundo, muéstrennos con orgullo sus bellezas y
riquezas; comercien y negocien; compren y vendan; compartan culturas y
lenguas. Ábranse al mundo... pero no permitan con impasible docilidad
que les invadan y les saqueen, privándoles de su historia, su genuina
cultura, su belleza y su riqueza. Por favor, salven su país, que bien merece la pena.
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